Ese último tiempo Adriana había estado como más dulcificada. Seguían teniendo sexo, por supuesto. Pero en ocasiones bajaba con comida, pizza, pollo frito, helado o lo que fuera y le daba de comer en la boca. Luego veían alguna película. A veces ella empezaba a tocarle el pene y ante su negativa (y mucho esfuerzo mental para que no se le parase) lo inyectaba con el afrodisíaco ese y tenía sexo con él. Pero mucho más pausado, con menos frenesí.
Le daba besos dulces en la cara, en el pecho.
Él no entendía bien que estaba pasando o que quería ella ya de él.
Dante no tenía idea, pues había perdido la concepción del tiempo, de que él contrato que había firmado como guardaespaldas por tres meses se estaba acabando y que ella, a su modo, se estaba despidiendo.
La noche anterior a dejarlo ir, le dijo:
—¿Me vas a hacer inyectarte de nuevo? — con tono cansado — No puedes una vez dejarte ir, ¿intentarlo siquiera???
Pero él estaba empecinado en su negativa.
—Ya sabes cuál será mí respuesta.
Ella se dió vuelta y las lágrimas cayeron por sus mejillas.
—Yo solo quería que me quisieras...
—Yo te quiero Adriana — él la llegó a oír — Solo que no de ésta manera, por favor, entiendelo.
—¿Qué pasa, es porque no me lo pude meter en el culo eso es???— dijo confrontandolo con los ojos brillantes de lágrimas.
Él no recordaba haberle dicho que deseaba su culo pero aparentemente lo hizo bajo los efectos de las drogas. Ella había intentado varias veces, pero él la tenía muy grande y no pudo hacerlo así que desistió.
—No se trata de sexo Adriana...no todo...yo siempre te he querido como una hij...
—Por favor esta noche no...— ella lo interrumpió —No tengo ganas de amordazarte para no escuchar las cosas hirientes que me dices, estoy cansada — confesó.
Fue hasta donde guardaba la droga, volvió y le dió la inyección.
Luego le dió un dulce beso en los labios.
Se trepó en posición de 69 y estuvo un rato largo mamandosela mientras frotaba su vagina contra su boca hasta que él empezó a lamerla.
—Oh si Dante, así...
Ella se siguió moviendo sobre él mientras chupaba, lamía y succionaba sus tetas hasta que juntos ambos llegaron al orgasmo.
Al día siguiente, cuando Dante despertó. Ya no había grilletes y la puerta estaba abierta. Salió y vió que junto a la habitación donde había estado había otra similar, estaba su bolso, faltaban algunas camisetas.
Otras cosas también faltaban, algunos de los juguetes de Adriana, y otros elementos más que habían estado en el refugio.
Se vistió y supo internamente que era libre, por eso estuvo tan sentimental ese último tiempo. Sabía que lo iba a liberar. Que idiota había sido, recordó que él fue contratado por tres meses.
Buscó su celular. Adriana había contestado cada mensaje como si fuera él, por eso no levantó sospechas, por eso ella sabía que nadie lo buscaría. Era una maldita perra muy inteligente. Mucho más de lo que supuso el primer día. Pensó que tal vez le dejó una carta, un vídeo, pero no había nada...ninguna despedida...
Salió por la escalerilla y para su sorpresa, observó alrededor enceguecido por la luz del sol. Se dió cuenta de que estaba en un bosque desconocido, no en la casa donde había estado inicialmente. Evidentemente ella había hecho muchos esfuerzos para llevar a cabo todo eso.
Dejó el lugar con una última mirada y vio que a unos diez metros cercano a un camino estaba su auto, cuando entró al vehículo escuchó la explosión.
Adriana había volado el lugar, y con eso, todo rastro de lo que había pasado allí entre ellos.

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