Adriana se había quedado dormida, completamente agotada.
Cuando despertó no estaba el bebé, ni tampoco Dante. Adriana enloqueció.
El maldito se había llevado a su bebé, ese siempre había sido su plan.
Esperó que se quedara dormida y se llevó a su dulce bebé, no no no...
—NOOOOO DANTEE DEVUÉLVEME A MI HIJO...VUELVEEEE — Ella lloraba a los gritos y golpeaba con los puños la puerta.
De repente se abrió. Era Dante con su bebé. Lo llevaba envuelto.
—OH POR DIO MIOOO MI BEBÉ — Ella se lo arrebató de los brazos y lo abrazó mientras temblaba.
—Tranquila tranquilizate aquí está, fui a lavarlo, acá no era cómodo para hacerlo...
—ME DESPERTÉ Y NO ESTABAS, EL BEBÉ TAMPOCO — Lo acusó ella.
El bebé comenzó a lloriquear y ella fue a la cama, sacó su pecho de la camiseta y lo metió dentro de la pequeña boca que succionaba desesperadamente.
Dante se acercó a ella que estaba sentada y lo miraba recelosa.
No había que ser tan inteligente para darse cuenta de lo que pasó, solo bastaba con sumar dos más dos.
Se sentó a su lado.
—Creíste que me había ido con el bebé...
—Fue lo que dijiste que harías...— murmuró ella.
Él tocó la carita del bebé mientras observaba como tomaba la leche de su madre.
—No separaría un bebé de su madre Adriana...
—¿Entonces porqué me dijiste eso?
Él se encogió de hombros.
—Supongo que estaba enojado, y sí...dudaba de tu capacidad de ser buena madre.
—Yo JAMÁS haría algo para dañar al bebé — espetó ella en un murmullo y cambió al bebé de pecho., sacó su otra teta de la camiseta.
Dante no pudo evitar pasarle el pulgar por el pezón libre.
Ella lo miró con el entrecejo fruncido.
—Había quedado una gota de leche...
Llevó el pulgar a la boca de Adriana que lo lamió.
Luego metió su pecho dentro de la camiseta y lo amasó.
—¿Qué haces? Sabes que ahora no podemos...
—Mmmm...
Él se acercó y la besó. Luego se separó.
—Que vas a hacer con nosotros Dante.
—Podria tenerte como esclava sexual. —
Ella sonrió. —En serio...dime...
Él envolvió su rostro con su mano y ella se apoyó en él cerrando sus ojos.
De repente se vió alzada con bebé y todo.
—¿Qué haces??? — dijo ella riendo.
El bebé protestó.
Él la llevó hacia arriba, el lugar era lindo pero masculino.
—¿Qué es esto???
—Mi casa...bueno, una de ellas...en Milán...
La cargó escaleras arriba y la llevó hasta un cuarto infantil.
También había una mecedora. Allí la sentó.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Loca por mi padrastro