—¡Tú! —Isidora estaba a punto de llorar de la rabia. Esa Almendra tenía una lengua demasiado afilada.
—Ah, y otra cosa: que tu tío sea General no les da derecho a mirar a los demás por encima del hombro. Mi tío no será General, pero es un funcionario honesto que sirve al país y a la gente.
—¡Eso! ¡Bien dicho, Alme! —Ezequiel soltó una carcajada.
Dante también miró a Almendra con aprobación:
—Digna sobrina mía. A la misma edad, ¿por qué nuestra Alme es mucho más brillante que otras?
Isidora estaba al borde del llanto.
¡Se suponía que esta noche venían a humillar a los Tapia!
—¡Almendra! ¡No creas que porque eres la prometida de Fabián puedes ser tan arrogante! ¡A él no le va a durar mucho el gusto! —La mirada de Rosa era tan fría como la de una serpiente venenosa.
Al decir eso, no pudo evitar desviar la mirada hacia Fabián.
No olvidaba que fue Fabián quien la mandó a la cárcel, donde sufrió dos meses de infierno.
La familia de Alonso, al escuchar el nombre de Fabián, se quedó helada.
Luego, miraron incrédulos al hombre de actitud distante.
—¿Él… él es Fabián Ortega? ¿El jefe de la familia Ortega? ¿El prometido de Alme?
A Alonso le zumbaban los oídos.
¿Qué iban a hacer?
¡Acababan de ofender a Fabián hace un momento!
Eliana e Iris también estaban en shock.
¿Ese hombre era Fabián?
Ya valió. Ya valió todo.
¡Habían regresado precisamente por él!
¿Cómo era posible que Almendra tuviera tanta suerte de ser la prometida de Fabián?
Esther sintió una envidia aún más profunda.

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