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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1036

Al escuchar esto, los alumnos se alborotaron nuevamente.

—¿Qué?

—¿Es neta?

Aunque Martina era muy estricta y no precisamente una persona perfecta, durante este mes ya se habían adaptado a ella. Normalmente se quejaban a sus espaldas, pero si les cambiaban a la maestra por alguien nuevo, la verdad es que les costaría acostumbrarse.

Almendra, que estaba recostada sobre su pupitre, se levantó de repente. Se colgó su mochila negra en un solo hombro y miró a Martina, que estaba en el estrado. Su voz sonó fría y tranquila:

—Aunque cambien de profesor, yo no vendré mucho al salón. Así que, si te vas o te quedas, a mí me da igual.

Dicho esto, salió del aula. Su figura, fría y segura, parecía irradiar un aura especial que se grabó profundamente en la mente de sus compañeros y de Martina.

De repente, los alumnos comenzaron a echar porras.

—Maestra, si a Almendra no le molesta, ¡quédese!

—Sí, maestra, no queremos que se vaya.

—Por favor, no se vaya.

Los ojos de Martina se llenaron de lágrimas sin que pudiera evitarlo. Sintió un nudo en la garganta.

Aunque Almendra no lo dijo explícitamente, ella entendió el mensaje.

No por nada era la discípula predilecta del rector; tenía una altura de miras que ella misma envidiaba.

***

Mientras tanto, frente a la puerta principal de la residencia Ortega.

La familia de Alonso llegó con costosos regalos para hacer una visita, pero el mayordomo les dijo con pena:

—El señor Fabián avisó esta mañana que saldría de viaje de negocios y tardará un tiempo en volver.

¡Bum!

Esa noticia cayó como balde de agua fría para la familia de Alonso.

Después de todo, anoche Alonso y Ezequiel habían tenido una fuerte discusión y Ezequiel se negó a ayudar, así que Alonso solo podía intentar hablar directamente con Fabián.

El príncipe Theo era también príncipe de Isla Coralina. Si en el futuro lograba convertirse en rey, aquellos que lo hubieran ayudado a ascender al trono recibirían beneficios inimaginables.

Si Fabián fuera un hombre astuto, no debería haberse negado.

Pero quién iba a pensar que les saldrían con un simple: «¿Fabián está de viaje?».

Alonso se quedó pasmado y Esther zapateó del coraje:

Iris estaba que echaba humo. ¡Ella, toda una princesa, dignándose a venir personalmente, y la familia Ortega la trataba así!

¡Realmente no respetaban a la realeza de Isla Coralina!

—¡Abuelo, vámonos!

Iris también tenía su orgullo. Si ya se lo habían dicho tan claro, quedarse a rogar sería humillante. Si se corría el rumor, ¿con qué cara se presentaría ante la realeza?

—Pero, lo del príncipe Theo…

Alonso también estaba preocupado.

Ahora parecían estar en la cima, pero ellos sabían perfectamente cómo los trataba el príncipe Theo en realidad.

Ser la esposa de un príncipe no era tan fácil como parecía.

Si querían asegurar la posición de Iris, debían cumplir con las exigencias de Theo.

¡Maldita familia Ortega, resultaron ser un hueso duro de roer!

—Volvamos primero al hotel y pensemos en otra solución.

Alonso asintió con resignación. Por ahora, no les quedaba más remedio que regresar al hotel y buscar otra salida.

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