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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1037

***

Almendra salió del salón y se dirigió al laboratorio.

Lautaro ya la estaba esperando.

Al verla llegar, la miró con preocupación:

—Mi niña, ¿cómo te has sentido estos dos días?

El veneno que tenía Almendra traía a Lautaro de cabeza.

Solo esperaba que Gilberto pudiera encontrar el antídoto en su viaje a Tierra de la Cruz.

Almendra abrió los brazos con indiferencia:

—No te preocupes, ¿no ves que estoy bien?

Lautaro no se creía ni una palabra.

A simple vista parecía estar bien.

—Últimamente no hay nada urgente, así que no vengas a trabajar al laboratorio. Descansa bien.

Pero Almendra replicó:

—Ya casi es la Competencia Médica Internacional, ¿seguro que no quieres que participe?

La competencia era un evento enorme donde participaban los mejores estudiantes de cada país.

Básicamente, era luchar por el honor nacional.

Sería una lástima que un genio médico como Almendra no participara.

Aunque a ella no le importaban los honores, representar al país era responsabilidad de todos, ¿no?

Al principio, Lautaro planeaba que Almendra participara, pero con su estado actual, si el veneno se activaba, podría ser fatal.

—Hay mucha gente que va a ir, no pasa nada si faltas tú. Hasta que no tengas el antídoto, te quedas quieta.

Almendra suspiró:

—Qué aburrido.

Para alguien tan activa como ella, que le dijeran que descansara era casi un chiste.

Lautaro no sabía qué hacer con ella, así que dijo:

—Bueno… esperemos a que el académico Reyes llegue a Tierra de la Cruz e investigue un poco, luego vemos.

Almendra asintió:

Susana estaba bajo vigilancia en una unidad habitacional del gobierno. Kevin llevó a Almendra hasta el piso.

—Al principio cooperaba y se preocupaba por el bebé, pero desde ayer no sé qué le pasó. No come nada, no responde nada, se ve muy mal.

Almendra asintió:

—Entraré a verla.

Abrió la puerta. Kevin no entró con ella. Almendra avanzó sola.

El lugar era un departamento pequeño con una recámara, sala, cocina y baño. Aunque chico, el ambiente era agradable, mil veces mejor que una celda oscura.

Susana estaba descalza, acurrucada en el suelo en una esquina, con el cabello revuelto y la mirada perdida.

Al escuchar ruido, levantó la cabeza lentamente.

Al ver que era Almendra, sus labios pálidos y secos formaron una sonrisa fría:

—Almendra, ¿vienes a burlarte de mí?

—¿Por qué no comes? —preguntó Almendra sin responder a la provocación.

—Ja, no seas hipócrita. Te mueres de ganas de que me muera pronto para ir a buscar a Braulio, ¿verdad?

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