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Almendra salió del salón y se dirigió al laboratorio.
Lautaro ya la estaba esperando.
Al verla llegar, la miró con preocupación:
—Mi niña, ¿cómo te has sentido estos dos días?
El veneno que tenía Almendra traía a Lautaro de cabeza.
Solo esperaba que Gilberto pudiera encontrar el antídoto en su viaje a Tierra de la Cruz.
Almendra abrió los brazos con indiferencia:
—No te preocupes, ¿no ves que estoy bien?
Lautaro no se creía ni una palabra.
A simple vista parecía estar bien.
—Últimamente no hay nada urgente, así que no vengas a trabajar al laboratorio. Descansa bien.
Pero Almendra replicó:
—Ya casi es la Competencia Médica Internacional, ¿seguro que no quieres que participe?
La competencia era un evento enorme donde participaban los mejores estudiantes de cada país.
Básicamente, era luchar por el honor nacional.
Sería una lástima que un genio médico como Almendra no participara.
Aunque a ella no le importaban los honores, representar al país era responsabilidad de todos, ¿no?
Al principio, Lautaro planeaba que Almendra participara, pero con su estado actual, si el veneno se activaba, podría ser fatal.
—Hay mucha gente que va a ir, no pasa nada si faltas tú. Hasta que no tengas el antídoto, te quedas quieta.
Almendra suspiró:
—Qué aburrido.
Para alguien tan activa como ella, que le dijeran que descansara era casi un chiste.
Lautaro no sabía qué hacer con ella, así que dijo:
—Bueno… esperemos a que el académico Reyes llegue a Tierra de la Cruz e investigue un poco, luego vemos.
Almendra asintió:

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