—Betina, eres un amor.
—Sí, Betina, eres guapa y de buen corazón. El día que el señor Fabián se case contigo, no va a caber de la felicidad.
—Claro que sí, nuestra Betina es tan bonita que cualquier hombre caería rendido.
La sonrisa de Betina se tensó un poco.
Si no hubiera aparecido esa maldita de Almendra, ella y Fabián habrían sido la pareja perfecta.
Pero ahora…
Si quería casarse con Fabián, ¡primero tenía que eliminar al estorbo de Almendra!
—Betina, ¿por qué no viene el señor Fabián a la universidad? ¿Crees que haya oportunidad de que lo conozcamos?
—Sí, Betina, ¿a poco el señor Fabián es muy guapo? ¿Es muy detallista contigo?
Betina apretó el tenedor con fuerza y dijo con un tono algo triste:
—Fabián está muy ocupado, no tiene tanto tiempo para acompañarme…
Al ver su cara de tristeza, las chicas intentaron consolarla:
—Betina, igual apenas estás en primer año. Más adelante tendrás tiempo de sobra para cultivar la relación con el señor Fabián.
—Sí, capaz que en cuanto te gradúes se casan.
—Cuando eso pase, tenemos que ir a la boda a celebrar.
Esas palabras surtieron efecto en Betina, quien asintió sonriendo:
—Tienen razón. Al fin y al cabo, solo tengo dieciocho años, tengo mucho tiempo.
Esa frase se la dijo a sus compañeras, pero también se la dijo a sí misma.
Que Almendra tenga a Fabián ahora, no significa que lo tendrá para siempre.
Por otro lado, Almendra vio salir a Liliana con el cubrebocas puesto por la puerta principal, así que le dijo a Eva:
—Cuando termines regresa a la escuela, yo me voy.
Eva se extrañó:
—¿Eh? Pero si no has terminado de comer. ¿A dónde vas?
—A ver a alguien.
Eva quiso preguntar más, pero Almendra ya había desaparecido de su vista.

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