Betina lo pensó un momento y tuvo que ceder, soltando un suspiro: —Está bien. Y otra cosa, dile a Ulises que se comporte en la casa de los Reyes, ¡que no cometa ningún error ni deje rastro!
—Lo sé, no te preocupes, yo me encargo de decirle.
—Ajá.
Al colgar, Liliana también soltó un largo suspiro de alivio.
Últimamente la vida había sido sofocante; deshacerse de Almendra era algo que ya no podía posponerse.
Pero del lado de Álex no había movimiento, y eso la tenía de los nervios.
A veces, cuando mencionas a alguien, aparece de la nada.
Justo cuando Liliana se angustiaba pensando en cuándo Álex pondría en marcha el plan, sonó su otro celular.
Creyó que estaba alucinando, pero al sacarlo y revisar la pantalla, efectivamente era Álex.
Reprimió su emoción y contestó apresuradamente: —¡Pre... Presidente!
Cada vez que hablaba con Álex, no podía evitar ponerse nerviosa.
Álex soltó un «mhm» cortante y ordenó con voz grave: —Dile a Betina que busque una oportunidad lo antes posible para sacar al viejo de los Reyes de la casa.
Liliana se quedó perpleja: —¿Yago? ¿No íbamos por Almendra?
¿De qué servía ir tras el viejo de la familia Reyes?
Ese viejo ya no manejaba los asuntos de la familia y, para colmo, estaba totalmente del lado de Almendra. Liliana no entendía de dónde sacaba esa maldita mocosa tanta influencia.
—¡Haz lo que se te ordena! A su debido tiempo entenderán.
—Sí, Presidente.
Tras colgar, el corazón de Liliana seguía latiendo a mil por hora.
¿Sacar a Yago a solas?
Para Betina, eso no debería ser difícil.
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