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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1041

Betina lo pensó un momento y tuvo que ceder, soltando un suspiro: —Está bien. Y otra cosa, dile a Ulises que se comporte en la casa de los Reyes, ¡que no cometa ningún error ni deje rastro!

—Lo sé, no te preocupes, yo me encargo de decirle.

—Ajá.

Al colgar, Liliana también soltó un largo suspiro de alivio.

Últimamente la vida había sido sofocante; deshacerse de Almendra era algo que ya no podía posponerse.

Pero del lado de Álex no había movimiento, y eso la tenía de los nervios.

A veces, cuando mencionas a alguien, aparece de la nada.

Justo cuando Liliana se angustiaba pensando en cuándo Álex pondría en marcha el plan, sonó su otro celular.

Creyó que estaba alucinando, pero al sacarlo y revisar la pantalla, efectivamente era Álex.

Reprimió su emoción y contestó apresuradamente: —¡Pre... Presidente!

Cada vez que hablaba con Álex, no podía evitar ponerse nerviosa.

Álex soltó un «mhm» cortante y ordenó con voz grave: —Dile a Betina que busque una oportunidad lo antes posible para sacar al viejo de los Reyes de la casa.

Liliana se quedó perpleja: —¿Yago? ¿No íbamos por Almendra?

¿De qué servía ir tras el viejo de la familia Reyes?

Ese viejo ya no manejaba los asuntos de la familia y, para colmo, estaba totalmente del lado de Almendra. Liliana no entendía de dónde sacaba esa maldita mocosa tanta influencia.

—¡Haz lo que se te ordena! A su debido tiempo entenderán.

—Sí, Presidente.

Tras colgar, el corazón de Liliana seguía latiendo a mil por hora.

¿Sacar a Yago a solas?

Para Betina, eso no debería ser difícil.

***

—Betina, este reservado de lujo cuesta por lo menos unos millones la noche, ¿no? Y sumando todo este alcohol y la comida... Betina, en serio, muchísimas gracias.

—Es una suerte enorme ser compañeros de la hija del hombre más rico.

Betina sonrió con indiferencia y dijo: —Lo importante es que se diviertan. Pidan lo que quieran de comer y beber, todo va por mi cuenta.

—¡Ay, Betina! ¡Te amamos, eres lo máximo!

Justo cuando estaban en lo mejor de la fiesta, alguien empujó la puerta del reservado desde fuera.

—Escuché que la heredera millonaria invita la casa, ¿es verdad?

Todos estaban a punto de reclamar por la falta de educación de quien entraba sin invitación, pero al voltear, se quedaron helados.

Eran Eva y... ¿Almendra?

Betina, que estaba llena de orgullo, se levantó de golpe del sofá, aterrorizada de que Eva y Almendra revelaran su identidad frente a todos sus compañeros.

Eva echó un vistazo alrededor y dijo con tono burlón: —¡Vaya! La señorita Betina sí que se luce. Este reservado es más grande y lujoso que el nuestro.

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