—Solo en la tarde de hoy, hemos recibido más de quinientas solicitudes. El equipo de Recursos Humanos se va a quedar a trabajar hasta tarde para revisarlas, filtrar a los candidatos y programar las entrevistas.
La verdad era que, al estar respaldada por el Grupo Reyes y ofrecer excelentes prestaciones, Textil Velox era un imán para el talento.
Además, cada año, los empleados y directivos más destacados de Textil Velox tenían la oportunidad de asistir a la fiesta de fin de año de la matriz.
Ese evento era legendario. No solo podías ver en persona al misterioso presidente, Cristian Reyes, sino también codearte con la élite del corporativo y disfrutar de actuaciones de las estrellas más grandes del espectáculo. Era la meta máxima para cualquier empleado de las filiales del Grupo Reyes.
Sin embargo, Textil Velox rara vez abría convocatorias y, cuando lo hacía, contrataba a muy poca gente. Con el tiempo, se corrió la voz de que eran extremadamente exigentes y que era casi imposible entrar.
Este verano, mientras otras grandes empresas lanzaban sus campañas de reclutamiento, Textil Velox permanecía en silencio. Justo cuando todos habían perdido la esperanza, publicaron una convocatoria que dejó a todo el mundo boquiabierto.
¿Estaban buscando talento o reestructurando toda la empresa?
La lista de vacantes parecía la de una compañía completamente nueva.
Aunque todos sospechaban que algo grande estaba pasando en Textil Velox, para los que buscaban trabajo era una oportunidad de oro.
Así que se lanzaron a enviar sus currículums. El departamento de Recursos Humanos estaba al borde del colapso.
Pero nadie se atrevía a quejarse. Todos esperaban que, si hacían un trabajo impecable en el proceso de reclutamiento, Almendra los perdonaría y no los despediría.
Almendra asintió.
—Bien. Yo me encargaré de entrevistar a los candidatos para los puestos directivos y del departamento de diseño. El resto, que siga el proceso normal de la empresa.
—Entendido, señorita Almendra.
Al salir del edificio, Almendra se subió a su carro y arrancó hacia Atlamaya.
Una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.
Antes, no importaba qué tan lejos o por cuánto tiempo se fuera. Cada vez que regresaba, la idea de ver a su abuela la llenaba de una felicidad inmensa.
Pero a mitad de camino, sintió que la estaban siguiendo.

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