Al instante, todos en la sala de juntas se quedaron helados.
La mayoría, con el corazón en un puño, pensó que Almendra había llamado a la policía para investigarlos a ellos.
Con razón los había hecho venir a una reunión tan temprano. ¿Acaso planeaba llevárselos a todos en paquete?
Especialmente los que se habían levantado para anunciar su renuncia, ¡estaban muertos de miedo!
Ellos eran los secuaces de Néstor, Raúl y los demás, quienes ya habían sido arrestados. En el asunto del desfalco, ellos también habían participado, aunque solo cumpliendo órdenes.
Por eso estaban tan aterrados, temiendo que la guillotina de Almendra cayera sobre sus cabezas.
Y miren, ya había caído.
—Señorita Almendra, podemos hablarlo. Nosotros… de verdad sentimos que en nuestros puestos actuales no hemos aportado grandes beneficios a la empresa, nos sentimos muy avergonzados. Yo… ¿qué le parece si renuncio a mi sueldo de este mes?
El primero en hablar sobre renunciar había sido Manuel, el segundo al mando del departamento de compras. Ahora, viendo que la situación se ponía fea, se ablandó de inmediato.
En cuanto él habló, los otros tres que también habían amenazado con renunciar siguieron su ejemplo, diciendo que no querían su sueldo, solo que los dejaran ir.
Almendra, sentada tranquilamente a la cabeza de la mesa, los observaba con una mirada profunda.
Los dos policías que habían llegado, miraron una foto en su celular y luego a Almendra, identificándola como su objetivo. —Señorita, alguien la ha denunciado por lesiones dolosas. Por favor, coopere con nuestra investigación.
Todos: ¿?
¿Qué significaba eso?
¿Los policías no habían venido para arrestarlos a ellos, por orden de la directora Reyes?
¿Era la directora Reyes la que estaba en problemas?
¿Lesiones dolosas?
«Claro, con esas influencias, hasta para lastimar a alguien lo hace con premeditación», pensaron. Pero lo que de verdad querían saber era quién era la persona lastimada que se atrevía a mandar a la policía por la directora Reyes.
Porque esa directora, en menos de tres días, había mandado a la cárcel a todas las figuras clave de la empresa, una por una.
Uriel, al oír esto, se acercó de inmediato para averiguar qué pasaba.


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