Aunque era él quien la interrogaba, ¿por qué sentía que, desde el principio, era como si ella estuviera dirigiendo todo, como si fuera ella quien lo interrogaba a él?
—Desprecian la ley, imponen cargos falsos, amenazan, intimidan y obligan a confesar a la mala. ¿De verdad estoy en una comisaría? —dijo Almendra, mirando a Ignacio con sarcasmo.
Finalmente, Ignacio no pudo más y soltó una risa fría.
—¿Te estás burlando de mí, verdad?
Ya se había dado cuenta. Esta mocosa solo estaba jugando con él, hablándole con puro sarcasmo.
Antes ya se había topado con gente como ella, incluso más impertinentes. ¿Y al final qué pasaba?
Terminaban confesando dócilmente.
—¿Apenas se da cuenta? —replicó Almendra.
—¡Puta madre!
Ignacio, furioso, levantó su bastón y, sin dudarlo, lo lanzó hacia la cara de Almendra.
No era precisamente una persona paciente, y Almendra ya había agotado toda la que le quedaba.
¡Hoy le enseñaría a esa mocosa malcriada cómo debía comportarse!
Pensó que con un solo golpe de bastón, Almendra se calmaría. Pero para su sorpresa, la joven esquivó el golpe con una agilidad increíble.
Fue como si se hubiera teletransportado.
Se quedó pasmado.
—Vaya, eres rápida para esquivar, ¿eh?
—¡Ignacio! ¡Ignacio!
De repente, alguien golpeó la puerta de la sala de interrogatorios con urgencia.
Ignacio, que estaba de un humor de perros, le gritó al que llegó.
—¡Qué tanto gritas, no ves que estoy interrogando a una sospechosa!
El recién llegado parecía nervioso.
—No es eso, Ignacio, ¡la comisaría está rodeada!
Al oír esto, la ira de Ignacio creció aún más.
—¡Joder! ¿Qué pendejos se atreven a rodear nuestra comisaría? ¿Ya se quieren morir o qué?
En ese momento, Mario, que estaba viendo la situación en tiempo real desde su celular, frunció el ceño. ¡Vaya montón de imbéciles!

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada