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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 256

—No hay problema, podemos pedirle a un doctor que la revise ahora mismo. De lo contrario, no podremos confirmar el caso —dijo Mariano con un aire muy profesional.

Erika se veía claramente en aprietos. —Pero… pero mi hija está lastimada de la cintura, no puede moverse así como así.

—¿Pero no acabo de verla sentarse? —intervino Norberto, arqueando una ceja.

Mariano añadió: —Y yo la vi jugando con su tableta.

En ese momento, las piernas de Erika comenzaron a temblar.

Antes, en el Sector 5, siempre andaba con el pecho en alto y una actitud imponente. Cualquier cosa que hiciera, con solo pensar en su hermano, se sentía invencible. No importaba qué tan grande fuera el error, con su hermano ahí, no tenía de qué preocuparse.

Pero ahora era diferente.

Con su hermano arrestado, había perdido toda su confianza.

Beatriz, al oír que querían revisarla, arrojó la tableta a un lado y protestó: —Oiga, señor, ¿no se suponía que solo era dar mi declaración y ya? ¿Por qué me tienen que revisar? Qué flojera, no quiero.

—Pero si no te revisan, ¿cómo vamos a confirmar que te golpearon? —preguntó Mariano.

Beatriz, con una expresión de inocencia, respondió: —¿Pero no agarraron ya a esa delincuente? ¿Por qué no la declaran culpable y ya? Siempre lo hacen así, ¿no?

—¡Beatriz! ¡Cállate! —gritó Erika, tan enojada que dio una patada al suelo.

Era su única hija, la había criado entre algodones y nunca se atrevía a hablarle con dureza. Pero en ese momento, ¡sentía que su hija era una completa tonta!

—Mamá, ¿por qué te pones tan nerviosa? ¿Ni siquiera puedo decir una palabra? —se quejó Beatriz, ofendida.

Mariano y Norberto intercambiaron una mirada.

—¿Así es como tu tío solía manejar los casos?

Beatriz estaba a punto de asentir, pero Erika, ya sin poder más, miró a los dos oficiales. —Oficiales, es solo una niña, no sabe lo que dice, no pueden creerle. Tiene una lesión grave en la cintura, ¿qué les parece si mañana, después de los estudios, les entregamos el informe?

Si los policías no estaban presentes, conseguir un informe falso era pan comido.

Pero Mariano y Norberto no eran tontos y sabían perfectamente lo que planeaba.

—No, señora. Para garantizar la imparcialidad del caso, necesitamos estar presentes.

Capítulo 256 1

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