Fabián asintió levemente. Incluso postrado en una cama de hospital, irradiaba esa aura de frialdad y distinción propia de la alta sociedad.
—La quiero en menos de un día.
—¡Sí, señor!
Martín no podía evitar asombrarse. ¿Desde cuándo su jefe tenía tanta prisa por algo?
Y ahora, para encontrar a su misteriosa salvadora, estaba moviendo cielo, mar y tierra.
Aunque, pensándolo bien, si no hubiera sido por la oportuna intervención de esa misteriosa señorita, quién sabe dónde estaría su jefe en estos momentos.
Levantó la vista para observar el rostro de su jefe y casi se le para el corazón del susto.
¡No podía ser!
¿Estaba viendo bien?
¿Su jefe, el témpano de hielo, estaba sonriendo mientras miraba la pantalla?
Aunque era solo una ligera curva en sus labios, ¡era una sonrisa inconfundible!
¡Qué miedo!
Fabián miraba la pantalla con intensidad. Aunque solo se veía una mano delgada, pálida y elegante manipulando diversas hierbas medicinales, la expresión en sus ojos era la de un cazador que ha encontrado a su presa.
Almendra no publicaba contenido con regularidad. A veces pasaban tres o cinco días, a veces medio mes. La mayoría de sus videos eran cortos, grabados en la montaña mientras recolectaba o seleccionaba hierbas, o bien, dando consejos sobre cuidados de la salud. Nunca mostraba su rostro, pero cada video superaba el millón de «me gusta».
Con gran interés, se puso a leer los comentarios de los usuarios. Muchos le pedían que mostrara la cara, otros le hacían consultas sobre sus propios problemas de salud. Eran tantos que no podía leerlos todos.
Encontró la respuesta donde la doctora Alma confirmaba que estaba bien, y quiso darle «me gusta», pero la aplicación le pidió que se registrara.
Normalmente estaba demasiado ocupado y apenas tenía redes sociales en su celular, pero eso no significaba que no conociera la plataforma; de hecho, el dueño de la compañía era un buen conocido suyo.
No le quedó más remedio. Para unirse al ejército de fans de la doctora Alma, tuvo que registrarse. Eligió un nombre de usuario simple: «Fabián». Muy acorde con su personalidad, sencillo y altivo.
Justo cuando se disponía a empezar su maratón de «me gusta», se dio cuenta de que un par de ojos lo observaban fijamente.
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