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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 3

Esta vez, Fabián también se quedó de piedra.

Tenía una lesión en los ojos que le dificultaba ver con poca luz. Sumado al veneno que aún corría por sus venas y al mareo, apenas podía distinguir el rostro de Almendra. Pero en ese instante, podía sentir con una claridad abrumadora que los labios de ella eran increíblemente suaves, con un toque dulce.-

Casi sin pensarlo, movió los suyos ligeramente. Almendra sintió como si le hubiera caído un rayo. Se levantó de un salto y se apartó, furiosa y avergonzada.

—¡Eres un pervertido!

Se frotó los labios con rabia. Quiso darle un par de bofetadas, pero se contuvo al recordar que era un hombre herido. Resignada, se dio la vuelta y se marchó a toda prisa, echando chispas.

¡Qué día de mala suerte!

No solo había salvado a un depravado, ¡sino que en el proceso había perdido su primer beso!

Tirado en el suelo, Fabián observó cómo la silueta borrosa de la mujer se alejaba. En su mano, apretaba con fuerza un objeto.

—Te voy a encontrar —susurró.

***

Empapada por la lluvia, Almendra bajó de la sierra con su canasta de hierbas a la espalda. Justo cuando llegaba a la entrada de la mansión de los Farías, una figura cubierta de lodo se levantó de junto a la reja y corrió hacia ella con entusiasmo.

—¡Señorita! ¡Por fin la encuentro!

Viendo que el hombre de lodo estaba a punto de chocar contra ella, Almendra se hizo a un lado instintivamente. El hombre se fue de bruces y, al levantarse, sonrió torpemente, mostrando unos dientes muy blancos.

—Disculpe, señorita. La asusté.

Almendra lo miró con extrañeza.

—¿Y usted es…?

El hombre estaba a punto de explicarse cuando una voz femenina e impaciente resonó desde el interior de la propiedad.

El hombre de lodo se acercó de nuevo a ella, sonriendo de oreja a oreja.

—Señorita, me llamo Enrique. El señor y la señora me enviaron para llevarla a casa.

Antes de que Almendra pudiera responder, Valeria volvió a hablar desde la escalinata.

—En esta mochila te puse cinco mil pesos. Te alcanzará para un tiempo. Te criamos dieciocho años sin pedirte nada a cambio. Cuando se te acabe, ni se te ocurra venir a pedirnos más.

Dicho esto, le arrojó una mochila negra a los pies.

Valeria y Susana, temiendo que Almendra se negara a irse, habían aprovechado que estaba en la sierra para empacar sus cosas a la carrera y echarla de una vez por todas.

Aunque Valeria no sabía quiénes eran los padres biológicos de Almendra, había oído que eran de un pueblito de Las Brumas, que estaban desempleados, que tenían otros cuatro hijos varones solteros y un abuelo ya mayor. En resumen, no sonaban a gente de dinero.

***

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