¿Cómo era posible?
¿Estaría viendo visiones?
Justo cuando quería volver a confirmar, Fabián tomó la mano de Almendra y se la llevó. Almendra se giró de nuevo para mirar a Valeria y le dijo:
—Si no vas al Santuario de la Luna Creciente antes de que anochezca, Dios dudará de tu sinceridad. Y créeme, no es broma.
Valeria sintió un vuelco en el corazón, pero antes de que pudiera decir algo más, los dos ya se habían alejado de la mano.
—¡Qué descaro! ¡Se nota que le urge un hombre!
Valeria soltó una maldición y de inmediato se dirigió a un igualmente desconcertado Rodrigo:
—¡Qué haces ahí parado! ¡Rápido, métete a internet y checa qué demonios está pasando!
La verdad era que los medios los habían llamado tanto que ya les daba pavor, por lo que habían mantenido sus celulares apagados. No tenían ni idea de las noticias que acababan de salir.
Rodrigo también sintió que algo no cuadraba, así que sacó su celular a toda prisa y lo encendió.
Ambos esperaron con el corazón en un puño a que el celular prendiera, y luego se metieron rápidamente a internet.
Lo primero que vieron fue: «¡La alumna con la calificación perfecta se merece el título!»
«¡La alumna con la calificación perfecta ganó todos los premios académicos nacionales e internacionales a los ocho años!»
«¡La alumna con la calificación perfecta es la reencarnación de un genio!»
«La alumna con la calificación perfecta…»
En resumen, todo eran elogios y halagos para Almendra.
—Esto… ¿cómo es posible?
Como padres adoptivos de Almendra, ¡nadie la conocía mejor que ellos!
¡Almendra era una buena para nada que odiaba estudiar!
—Seguro que todo esto lo editó con Photoshop. ¿Cómo pueden ser tan estúpidos los internautas? ¿De verdad se lo creyeron? —Valeria miraba la pantalla con los ojos desorbitados, su rostro tan desencajado por el shock que parecía que se iba a romper.
Rodrigo examinó detenidamente los certificados y medallas que Almendra había publicado. Su corazón se sentía como si estuviera en una montaña rusa a toda velocidad, sin poder encontrar un punto de apoyo.
Esto…
Estaba completamente pasmado.
En su mente, no pudo evitar que resonaran las palabras que Pilar les había dicho antes.
«No se la pasen trabajando todo el tiempo. Dedíquenle más atención a Alme».
«Alme es una niña muy brillante. Deberían volver más seguido para verla».
«¡El día que echaron a Alme de la familia Farías será el día del que más se arrepentirán!».
«A ella ni siquiera le interesa tener relación con ustedes…».
Cuando llegaron a la puerta de la habitación del hospital, escucharon la voz exasperada de Simón:
—El desgraciado que estaba detrás de todo esto se aventó de un edificio y se mató.
Betina, que estaba junto a la cama sirviéndole un vaso de agua al abuelo, escuchó de golpe la voz de Simón. Le tembló la mano y el vaso cayó al suelo con un estruendo, haciéndose añicos.
Estaba atónita. ¿Qué?
¿Liliana se había aventado de un edificio y estaba muerta?
—¡Betina! ¿Estás bien? ¿No te quemaste la mano? —Frida corrió a su lado y le tomó la mano para revisarla.
—No, no me pasó nada, mamá —su rostro se puso pálido como el papel en un instante, y se sintió mareada, con un torbellino de emociones en su interior.
¿Descubrieron a Liliana y se suicidó?
¿Muerta?
¿Cómo pudo pasar esto?
Hacía media hora, Liliana le había enviado de repente un mensaje diciendo que las cosas no iban bien y que, sin importar lo que escuchara, debía mantener la calma.
Aunque vio cómo la situación de Almendra, que parecía condenada por hacer trampa, daba un giro radical, y cómo la estúpida de Martina era expuesta en un escándalo y linchada en redes, ella había fingido que no pasaba nada.
Pero ahora, al escuchar la noticia de que Liliana se había suicidado, ya no pudo contenerse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada