Valeria apretó los dientes, su mirada era maliciosa pero contenida. Si no fuera por conseguir que la vieja bruja entregara sus acciones, ¿acaso estaría suplicándole con tanta amabilidad?
¡Más le valía no hacerse la difícil!
—Ya lo dije, no les daré las acciones. Si de verdad no pueden más, vendan las acciones que tienen a otros y dejen que alguien capaz se encargue.
—Tú… —Valeria, furiosa, la señaló con el dedo. Rodrigo le apartó la mano y, con un tono lastimero, le dijo a Pilar—: Mamá, la empresa está en plena crisis financiera, de verdad que no tenemos efectivo. Braulio sigue en el hospital y no podemos dejar de pagar sus gastos médicos diarios.
Pilar suspiró. «¿Ahora me chantajean con mi nieto?», pensó.
—Ustedes son la familia más rica de Atlamaya, ¿cuánto puede costar la hospitalización de Braulio? ¿Me van a decir que no tienen dinero?
Valeria, con el rostro desencajado por el llanto, respondió: —Mamá, los tiempos han cambiado. La empresa necesita fondos urgentemente, hemos invertido todo nuestro dinero en ella. Ahora ni siquiera podemos pagar los gastos médicos de Braulio. Aunque no piense en nosotros, al menos piense en él. Apenas y salvó la vida, buaaa…
—Ya basta, dejen de actuar. Puedo ayudarlos con los gastos médicos de Braulio, pero no les daré las acciones.
Valeria había llorado y suplicado, pero Pilar seguía sin ceder. La ira la desbordó y gritó: —¡Vieja bruja! ¡¿De verdad quieres morirte?!
Al oír esto, la mirada de Pilar se heló.
Rodrigo no esperaba que esa estúpida de Valeria insultara a su madre en su cara. ¿Se había vuelto loca?
—¡Desgraciada!
En un arrebato de ira, levantó la mano y le dio una sonora bofetada a Valeria.

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