Pilar negó débilmente con la cabeza. —No te preocupes, estoy bien. Hijo, tú no eres el… de Alme…
Fabián asintió de inmediato. —Así es, soy el chofer de la señorita Almendra. Últimamente ha estado muy ocupada y esta noche viajó a Francia, por lo que me pidió que viniera a ver cómo se encontraba. No esperaba…
Al final de la frase, la mirada de Fabián se volvió gélida.
No esperaba que Rodrigo y Valeria fueran tan desalmados como para ponerle una mano encima a su propia madre.
Si Alme se enterara, ¡tampoco los perdonaría!
Al mencionar a Almendra, un destello de calidez apareció en los ojos húmedos de la anciana.
—Esa niña… siempre está demasiado ocupada. Por favor, no le cuentes lo que pasó hoy. Deja que se concentre en sus asuntos, no quiero que se preocupe por mí.
En realidad, Rodrigo y Valeria ya habían venido a intentar engañarla en los últimos días, pero ella siempre los había despachado. Hoy, simplemente, estaban desesperados y revelaron su verdadera naturaleza.
—¿Qué le parece si llamo a la señorita Almendra para pedir su autorización y la llevamos a La Concordia por ahora? De lo contrario, volverán a buscarla y correrá peligro si se queda sola en casa.
Rodrigo y Valeria no se rendirían tan fácilmente. Seguramente volverían a buscar a la anciana, y quizás con peores intenciones.
Al oír esto, la anciana volvió a negar con la cabeza. —Estaré bien aquí. No se atreverán a matarme de verdad.
Todavía esperaban que cambiara el testamento.
—Además, ese desgraciado se apuñaló a sí mismo. A juzgar por la herida, necesitará al menos una semana para recuperarse. No volverán en los próximos días.
El rostro de Valeria también estaba hinchado como el de un cerdo, también necesitaría tiempo para sanar.
Pero Fabián seguía preocupado. Después de pensarlo un momento, dijo: —Entonces, dejaré a dos de mis hombres aquí para protegerla. No se preocupe, no la molestarán ni a usted ni a nadie más. Solo aparecerán si usted corre peligro.
La anciana no esperaba que Fabián fuera tan considerado. Lo observó detenidamente, y cuanto más lo miraba, más sentía que tenía un aire de distinción y un porte extraordinario, que no correspondía a un simple guardaespaldas o chofer.
Después de que Almendra regresara con la familia Reyes, la anciana no se había molestado en indagar sobre los asuntos de esa familia. Le bastaba con que Almendra le dijera que la trataban bien para estar tranquila.

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