—Señorita Almendra, yo… yo todavía estoy un poco nerviosa, me da miedo no hacerlo bien —dijo Aitana, una chica muy tímida que hablaba con una voz suave y dulce. Tenía un estilo de diseño único que podía sorprender y dejar una impresión duradera.
Rafael era un diseñador apuesto y carismático. Tenía una visión excepcional para la moda femenina y sabía cómo captar la psicología de las mujeres, lo que le había ganado una gran cantidad de seguidores en el país y había disparado su popularidad.
—Yo estoy bastante tranquilo, pero siento que en la competencia de hoy nos encontraremos con muchos rivales muy fuertes.
Almendra asintió. —Es cierto que en una competencia internacional solo hay genios. No se presionen demasiado, simplemente den lo mejor de ustedes.
—Entendido, señorita Almendra. Daremos nuestro máximo esfuerzo.
***
Cuando se dirigían a la sede del concurso, Almendra se puso deliberadamente un cubrebocas negro y una gorra de béisbol.
En un evento internacional como ese habría muchas caras conocidas y, para no causar un alboroto, era mejor pasar desapercibida.
De camino al recinto, Cintia se aferró al brazo de Almendra, nerviosa y emocionada a la vez. —Estoy a punto de conocer a mi ídolo, ¡qué nervios!
Los ídolos de Cintia eran Almendra y la maestra Alma.
Rafael se rio. —Independientemente del resultado que obtengamos, el simple hecho de ver en persona a la legendaria maestra Alma hará que este viaje haya valido la pena.
Cintia suspiró con una expresión soñadora. —¡Si pudiera, le pediría un autógrafo a la maestra Alma y, si es posible, una foto para el recuerdo!
Almendra miró a Cintia con una expresión enigmática. —Ya veremos cuando la conozcas en persona.
Cintia suspiró con desilusión. —Tienes razón. Soy una don nadie, seguro que la maestra Alma ni siquiera tendrá tiempo para mí.
Almendra se quedó sin palabras.
***
Una competencia internacional era, sin duda, una competencia internacional. Al llegar a la imponente y majestuosa entrada del recinto, se podían ver concursantes y espectadores de diferentes países entrando y saliendo.
Almendra guio a su equipo al interior con la naturalidad de quien conoce el lugar, sin necesidad de preguntar a ningún miembro del personal, como si estuviera muy familiarizada con todo.
—Sus asientos están por allá, busquen su número.
Almendra señaló con el dedo.
—Señorita Almendra, ¿no se va a sentar con nosotros? —preguntó Cintia.
—Ustedes son los concursantes, tienen una zona designada. Yo no me siento con ustedes.
—Ah, está bien.

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