¡La Maestra Alma es transparente y Cintia se lo merece!
—¡Apoyo a la Maestra Alma! ¡Apoyo a Cintia!
En un instante, todos abajo empezaron a gritar.
La cara de Catalina estaba blanca como el papel.
Miraba con odio y los ojos desorbitados. ¿Esta gente es estúpida o qué?
¡Imbéciles!
¿Solo porque la Maestra Alma es famosa y Cristian tiene poder, van a apoyar a Cintia así a lo ciego?
Almendra pidió silencio, manteniendo su expresión tranquila, sin inmutarse demasiado.
—Gracias a todos por su apoyo. Si todavía hay amigos que tienen dudas sobre este asunto, sigamos viendo la competencia para ver si Cintia tiene talento o no.
Lo que dijo Almendra sonó tan honesto y valiente que de inmediato recibió el respaldo del público.
—¡Eso!
—¡Que siga el concurso!
—¡Queremos ver la competencia!
Almendra sonrió levemente:
—Una disculpa por haberles quitado su tiempo. Señor presentador, podemos continuar con el certamen.
Mientras tanto, en el escenario, Catalina y Belén estaban haciendo el ridículo de su vida; casi se convertían en las apestadas del lugar.
No tienen talento propio y se ponen a echarle tierra a los que sí lo tienen, ¿qué clase de gente es esa?
¡Qué asco!
Nerea también miraba a las dos con mucho coraje. ¡Resultó que eran un par de ardidas que, como no alcanzaban las uvas, decían que estaban verdes.
—¡Despreciables!
Les soltó esa palabra en español y bajó del escenario hecha una furia.
Belén sentía que se moría de la vergüenza, ¿cómo iba a seguir compitiendo después de esto?

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