Betina soltó una risita burlona: —Claro, como es ropa de su marca, seguro no van a decir que está fea.
Al escuchar esto, Laura se volteó rápidamente hacia ella, con la cara iluminada de alegría: —¡Betina, checa este vestido! ¿A poco no está divino? La maestra Alma lo diseñó personalmente, solo hay cien en todo el mundo y aquí en Nueva Córdoba nada más llegaron diez, ¿eh?
Betina respondió con tono indiferente: —Pues, a mí me parece muy equis, la verdad.
Pero Laura insistió: —Bueno, es que tú y yo tenemos gustos muy diferentes, es normal que te parezca equis.
Dicho esto, se dirigió a la vendedora: —Ándale, saca los modelos que le quedarían bien a la Señorita Almendra, que se los pruebe, a ver si sigue diciendo que no le gustan.
Laura sabía perfectamente lo que le gustaba a Betina.
Cada año, sin importar la temporada, en cuanto CASA ALMA sacaba colección nueva, Betina tenía que ser la primera en conseguirla.
Por eso, en cuanto le llegó la notificación de CASA ALMA hoy, le llamó a Betina de volada para venir.
Quién iba a pensar que Betina andaría hoy en plan de diva, diciendo: —No, gracias, hoy no ando de humor, no me quiero probar nada.
—¿Qué? ¿No te vas a probar? ¿Entonces no vas a comprar? —preguntó Laura sorprendida.
Betina puso cara de que le valía gorro: —Pues obvio, si no me pruebo, no compro.
—¿Neta? ¿De verdad no vas a comprar? Pero si acabo de ver un vestido que te quedaría pintado, es justo tu estilo —dijo Laura con cara de shock.
Betina replicó: —Ay, Laura, los gustos cambian. Es como con la comida, si comes lo mismo mucho tiempo, te dan ganas de cambiar de sabor. Llevo años vistiendo CASA ALMA, así que quería…

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