Almendra se mantenía erguida en la cima de la montaña, con la espalda recta, como una diosa de la noche oscura.
De repente, con un zumbido, una bala rozó su mejilla.
Inmediatamente después, una bala tras otra fue disparada hacia ella al mismo tiempo. Pero ella se movía como un rayo, zigzagueando entre los huecos de la lluvia de balas; su mirada era firme y feroz, sin una pizca de miedo.
Los de Colmillo Negro miraban la escena incrédulos y rugían:
—¡Sigan disparando! ¡Déjenla como coladera! ¡Después de esta noche, no quedará nada del legendario hacker «A» en este mundo!
¡Aquella escena tan emocionante y peligrosa tenía a Ariel, escondido detrás de una enorme roca, con el corazón en la boca!
¿Qué secreto inconfesable acababa de escuchar?
¿Su señorita era en realidad el legendario hacker «A»?
¿Qué hacía?
Había recibido demasiadas impresiones fuertes hoy; necesitaba ver a un doctor.
Aunque sabía que debería salir a ayudar a la señorita, tenía que admitir que en ese momento era un inútil. Si salía ahora, ¡lo harían queso gruyere en un segundo!
Por eso, ¡ahora admiraba a Almendra con locura!
Bajo la lluvia de balas, su figura era como un fantasma, difícil de rastrear. Sus movimientos eran fluidos y decididos, sin un solo gesto de más. Sus ojos revelaban un instinto asesino y frío, como si fuera una mensajera del mismísimo infierno.
Después de disparar continuamente durante unos cinco minutos, los subordinados de Samuel tiraron las armas, impactados y con el rostro pálido como la muerte.
Se acabó. Habían traído tanta munición y no habían logrado hacerle ni un rasguño a «A». ¿Acaso esa mujer era humana?
—¿Les quedan balas? ¿Necesitan que les preste algunas?
Almendra sacó de su cintura una pistola plateada, pequeña y exquisita, y apuntó a Samuel con una expresión arrogante.
Samuel tuvo una revelación repentina y abrió los ojos con asombro:
—Tú... ¿tú nos trajiste aquí a propósito?
Almendra curvó los labios en una sonrisa perversa.
—Ya es muy tarde para darse cuenta.
No dejaría que ninguno de ellos saliera de esa montaña.
Este lugar sería su tumba.
—¿Para quién trabajas en realidad?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada