Fabián curvó los labios en una sonrisa pícara:
—Aunque me golpee tu hermano, tengo que venir.
Almendra se dio la vuelta para regresar adentro y preguntó:
—¿Por qué viniste tan rápido a Francia?
Ella pensaba que él se quedaría un par de días en el país resolviendo asuntos.
Fabián entró y cerró la puerta tras de sí.
—Al verte en la competencia internacional, no pude aguantarme y vine a buscarte.
Se acercó y abrazó suavemente desde atrás el cuerpo pequeño y seductor de Almendra, inhalando su suave fragancia, sintiéndose mucho más relajado.
Le gustaba mucho la tranquilidad que sentía al estar con ella.
Con solo abrazarla, podía liberar toda su tensión.
—¿Viste la competencia? —Almendra alzó una ceja.
Fabián asintió:
—Menos mal que la vi, si no, no sabría que mi pequeña prometida es la famosa Maestra Alma.
Almendra realmente le daba demasiadas sorpresas. Todo lo que hacía ya superaba por mucho lo que él conocía.
Aunque él se consideraba alguien culto y con mucha experiencia, era la primera vez que veía a alguien tan increíble como Almendra.
—Adulador.
—Alme, eres un regalo del cielo para mí. Me siento muy afortunado de haber aparecido en tu vida y de ser tu amado.
Las orejas de Almendra, ocultas bajo su cabello negro, se pusieron calientes sin que pudiera evitarlo.
Este hombre cada vez era más meloso.
—Suéltame. Si estás cansado, vete a dormir al sofá.
Fabián puso cara de perrito atropellado:
—¿No hay cama para mí?
Almendra resopló sin dudarlo:
—No.
¿Ya se le había hecho vicio dormir en la cama?

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