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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 442

En la recta, los compañeros de Karim aceleraron a fondo. El rugido de los motores era ensordecedor y las agujas de los velocímetros saltaban frenéticamente, haciendo hervir la sangre.

La carrera entró en su fase crítica y la competencia entre ambos equipos se volvió cada vez más feroz.

Karim finalmente logró rebasar un carro en una curva, pero antes de que pudiera alegrarse, al segundo siguiente, el oponente lo volvió a rebasar.

Estaba tan enojado que empezó a soltar groserías, sin entender cómo de repente todos se habían vuelto tan fuertes.

Claramente hace un momento eran unos novatos, ¿cómo era posible que ahora fueran inalcanzables?

«¿Será por esa chava?».

Antes de que empezara la carrera, le pareció ver a esa chica diciéndoles algo a Mauricio y a los demás, pero no le había dado importancia.

Ahora parecía que esa jovencita no era alguien a quien se pudiera subestimar.

A punto de cruzar la meta, la tensión en la pista llegó a su punto máximo.

Los compañeros de Karim apretaban los dientes, llevando el rendimiento de sus carros al límite, pero por más que intentaban, simplemente no podían alcanzarlos.

Mauricio y todos sus compañeros cruzaron la línea de meta. Al instante, los del otro equipo se sintieron como globos desinflados, perdiendo toda motivación.

Si ya habían perdido, ¿para qué seguir corriendo?

Pero, ¿cómo pudieron perder de una manera tan humillante?

¡No habían logrado rebasar ni un solo carro! ¿Acaso Mauricio y los suyos habían tomado alguna cosa rara?

Pero nunca había escuchado que comer algo te hiciera ganar carreras.

¿Qué demonios estaba pasando?

Mauricio y sus compañeros bajaron de los carros, vitoreando emocionados. Jamás imaginaron que, siguiendo el método de Almendra, realmente ganarían la carrera.

El arranque era crucial, y además, en las curvas, no debían permitir que el oponente los rebasara bajo ninguna circunstancia, aprovechando cada fracción de segundo.

¡De verdad lo habían logrado!

—¡Mauricio! ¡Lo logramos!

César, el compañero que había sido insultado hace un rato, tenía los ojos rojos de la emoción.

Solo Dios sabía cómo se sintió cuando esa gente lo pisoteó y lo insultó.

Solo podía admitir que era malo y que había arrastrado a sus compañeros.

Pero ahora, ¡había ganado milagrosamente!

¡Simplemente ganaron!

Karim y los demás también llegaron a la meta. Sentían que les ardía la cara de la vergüenza; no tenían dignidad para mirar a Mauricio y a su equipo.

Después de todo, hace un momento gritaban que los otros eran basura, ¿y ahora resultaba que la basura eran ellos?

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