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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 446

Al escuchar esto, Betina borró rápidamente la expresión de su cara, miró a Cristian con gesto mimado y aprovechó para acercarse a él, abrazándole el brazo con familiaridad:

—Hermano, es que estos zapatos que traigo no son cómodos, me están lastimando el pie...

Cristian miró las manos de Betina y luego bajó la vista hacia sus zapatos:

—Con tantos zapatos que tienes, ¿por qué escogiste unos que te lastiman?

En realidad, con lo delicada que era Betina, si los zapatos de verdad le lastimaran, ya se los habría quitado.

¿Cómo se los iba a poner para venir a Francia?

Además, la ropa de Betina, de pies a cabeza, era toda de marca y hecha a medida, especialmente los zapatos. Así que era obvio si lo de que le lastimaban era verdad o mentira.

—A lo mejor porque los he traído puestos mucho tiempo hoy, también en el avión, y ya me siento súper incómoda.

Betina dijo esto con doble intención: uno, no era que caminara lento a propósito, sino que le dolían los pies; dos, esperaba que su hermano le regalara unos pares nuevos.

—Hay equipaje en el carro, ¿quieres ir a cambiarte?

Cristian sabía que cada vez que Betina salía, ya fuera ropa, bolsas, zapatos o joyas, lo contaba por maletas.

Ah, cierto, y también traía guardaespaldas y niñeras. Como eran muchos, no vinieron en el avión privado; llegarían un poco más tarde para ir directo al hotel a organizarle el cuarto a Betina.

Betina puso cara de perrito atropellado al instante:

—Mejor no me cambio ahorita. Mi hermana y Fabián nos están esperando y no quiero hacerles perder el tiempo.

—Si te sientes muy cansada, puedes irte al hotel a descansar primero. Haré que te manden la cena al cuarto. Además, cuando le di el regalo de bienvenida a Alme también compré cosas para ti; ya mandé que las llevaran a tu habitación.

Al escuchar esto, Betina sintió una mezcla de enojo y alegría.

Enojo porque Cristian la mandaba al hotel, y alegría porque también le había preparado regalos.

—¿Hermano? ¿También preparaste regalos para mí?

—Claro. Desde que eras niña, ¿cuándo han regresado tus hermanos a casa sin traerte regalo?

Y ni hablar de las fiestas. Ella había sido tan afortunada, mientras que Alme...

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