Por cierto, llevaba meses sin ver a Álex. En cuanto Betina lograra comprometerse con Lorenzo, ella debería regresar para reunirse bien con Álex.
Pero esa Almendra era un hueso duro de roer. En el futuro, tendría que ser mucho más cuidadosa para que Almendra no descubriera su verdadera identidad y arruinara su plan de tantos años.
Justo mientras maquinaba esto, la puerta de la habitación se abrió de golpe, dándole un susto de muerte.
Cuando se levantó de la cama, vio a Betina soltarse a llorar a grito abierto.
Ahí sí, sin importarle sus propios dolores, corrió a preguntarle nerviosa:
—Señorita Betina, ¿qué pasó? ¿Qué sucedió?
Cada vez que veía llorar a Betina, se le estrujaba el corazón.
Su hija debería estar en las nubes, ¿cómo podía llorar con tanta tristeza?
—Señorita Betina, ya no llore, ya no llore, cuénteme qué pasó, rápido —Liliana se moría de la ansiedad.
Betina lloraba que le faltaba el aire:
—Fueron mi papá y mi mamá, y mi hermano mayor y los demás, ellos...
Antes de que Betina terminara, la cara de Liliana se oscureció:
—¿Otra vez se pusieron del lado de la maldita Almendra?
Al escuchar esto, Betina se lanzó a los brazos de Liliana:
—Liliana, tú eres la única que me entiende.
Liliana estaba verde del coraje.
¡Maldita Almendra!
Ya era suficiente con que la hubiera trampeado anoche, ¡¿y hoy se une con la familia Reyes para molestar a su hija?!
¡Se merece lo peor!
De verdad la iban a matar del coraje.
—¿Qué tiene de especial saber correr carros? ¿Qué tiene de grandioso? A ver si muy muy, ¡que vaya y gane el campeonato de piano!
Al pensar en el piano, la superioridad de Betina regresó de golpe.
¡Ella dominaba todas las bellas artes!
Desde niña tuvo maestros famosos enseñándole, y eso es algo que Almendra jamás tuvo; ¡Almendra solo sabía andar de vaga!
Liliana, al oír esto, reprimió su asombro y sonrió:
—Tienes razón, por más buena que sea esa maldita de Almendra, ¿no es una inútil para el piano?
—En el círculo de La Concordia, ¿qué señorita rica no practica piano desde niña?
—Ninguna toca tan bien como tú, mucho menos Almendra que es una ignorante en esto.
—Cuando mañana ganes el campeonato en el concurso internacional de piano, seguro la harás sentir tan avergonzada que querrá que se la trague la tierra. ¡A ver si se atreve a seguir de altanera contigo!

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