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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 483

Cada nota era como una joya brillante incrustada en la corona de la música, despidiendo una luz cegadora, y Betina se fundía perfectamente con la partitura, creando juntos una leyenda musical inolvidable.

Cuando Betina tocó la última nota, se hizo un silencio total.

¡Divino!

¡Simplemente divino!

—¡Bravo!

Un juez, un señor ya mayor de cabello blanco, gritó emocionado desde su asiento.

Al instante, el lugar estalló en aplausos ensordecedores que parecían un tsunami.

Betina se levantó con elegancia y hizo una reverencia profunda hacia el público.

Sabía que lo había logrado.

Había creado una leyenda en el concurso internacional de piano.

A partir de hoy, el mundo entero recordaría su nombre: ¡Maestra Betina!

Volvió a mirar hacia abajo, buscando a Almendra, y descubrió que ella... ella estaba... ¿mirando su celular?

Por la forma en que lo sostenía horizontalmente con las dos manos, ¿estaba jugando videojuegos?

En ese instante, Betina enfureció.

¡Sintió que era un insulto personal!

Con una pieza tan monumental y conmovedora, esa ignorante de Almendra no solo no la apreciaba, ¡sino que se ponía a jugar videojuegos!

Se notaba que no tenía ni una gota de cultura musical. ¡Tocar para Almendra era como tirarles perlas a los cerdos!

Y al ver a Fabián, Betina se enojó todavía más.

Fabián estaba recargado en su asiento, mirando hacia abajo cómo Almendra jugaba, con las cabezas pegaditas; a leguas se veía que eran pareja.

Si no estuviera en el escenario, Betina habría hecho un berrinche ahí mismo.

Entre ola y ola de aplausos, Betina dio media vuelta con elegancia y bajó del escenario a esperar la premiación.

Si no se bajaba ya, ¡temía perder la compostura y arruinar su imagen de campeona internacional!

En resumen, todos querían colaborar con Betina.

En ese momento, Betina brillaba con luz propia, envuelta en un aura de triunfo.

Pero mientras todos los VIPs iban tras Betina, Kino y la presidenta de la Asociación de Piano, Lucía, quien había estado en un rincón, caminaron directo hacia donde estaba Almendra.

Lucía, aunque pasaba de los cincuenta, se conservaba tan bien que nadie adivinaría su edad real.

—¡Alme, tanto tiempo!

En el camino, muchos estudiantes de piano querían saludar a Lucía, pero ella ni los pelaba; ¡tenía miedo de que si se detenía un segundo, perdiera de vista a la escurridiza Maestra de la Melodía!

Simón y Frida conocían a Lucía, la famosa presidenta de la Asociación Internacional de Piano.

Al principio pensaron que Lucía venía por Betina, pero para su sorpresa, ¿estaba saludando a Almendra?

¿Qué... qué estaba pasando?

¿Alme y Lucía se conocían?

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