Betina se sintió incómoda.
Pero rápido se compuso.
—De todas formas, gracias, hermana. En el futuro, ¿puedo pedirte consejos sobre piano?
Almendra alzó una ceja y miró a Betina con sorpresa.
Betina le devolvió una sonrisa amable.
Almendra sabía que Cristian había ido a hablar con Betina hoy; parecía que había surtido efecto, aunque quién sabe cuánto duraría.
—Depende de mi humor.
Betina no se enojó y dijo sonriendo:
—Con que no me rechaces me conformo, hermana.
Frida y Simón, al ver esto, se sintieron muy aliviados.
—Betina, tu hermana tiene ese carácter, pero tranquila, si tienes alguna duda búscala, seguro te ayuda.
Betina asintió sonriendo:
—Sí, ya lo sé, papás.
Por la noche, la familia estaba cenando junta en un ambiente muy armonioso cuando, de repente, sonó el celular de Almendra.
Lo tomó y vio que era Mauricio.
—¿Qué pasa?
Mauricio le dijo algo que hizo que a Almendra le cambiara la cara. Su voz se volvió grave:
—¡Voy para allá!
Y acto seguido, colgó y se levantó de la silla de golpe.
—Alme, ¿qué pasó? —preguntó Simón apresurado.
Almendra miró las caras tensas de todos y no dio detalles:
—Voy a ver.
Dicho esto, dio media vuelta y salió disparada como un vendaval, desapareciendo de la vista.
Cristian, preocupado, salió tras ella:
—Voy a ver qué pasa.
Frida asintió:

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