Betina se sintió un poco avergonzada por el comentario de Liliana y corrigió: —Liliana, mi hermana no me lastimó a propósito.
Liliana suspiró con resignación: —Está bien, Señorita Betina. Ya que insiste en arreglar las cosas con la Señorita Almendra, no diré más. Ya veremos cómo la trata en el futuro.
Betina entrelazó sus dedos, sintiéndose de repente insegura.
¿Y si su hermana nunca la perdonaba?
Almendra organizó algunas cosas, se colgó su bolso y salió de nuevo apresuradamente.
Se cruzó justo con Cristian, que regresaba de la empresa.
Cristian notó que su expresión parecía algo seria e inmediatamente intuyó que algo pasaba, así que preguntó: —Alme, ¿qué pasó?
Almendra recuperó su expresión natural y esbozó una leve sonrisa: —No es nada, voy a ver a Fabián.
Cristian hizo una pausa y preguntó: —¿Cómo va su recuperación?
—Mucho mejor.
—Bueno, cualquier cosa me echas un fon.
—Sí.
Pero cuando Almendra llegó en su carro a la mansión de Fabián, se enteró de que él no estaba allí.
Almendra percibió de inmediato que algo andaba mal y le preguntó con voz grave al mayordomo Iker: —¿Todavía está herido y salió? ¿A dónde fue?
Iker dudó un momento: —El Señor Fabián dijo que era un asunto de trabajo. Nosotros, como empleados, no podemos preguntar demasiado.
Almendra frunció el ceño con fuerza: —¿Hace cuánto se fue?
—Hace como una hora.
Almendra subió directamente al carro, abrió su celular e intentó localizar la ubicación de Fabián, pero lo extraño fue que no aparecía.
O peor aún, alguien lo estaba bloqueando intencionalmente.
Primero le envió un mensaje a Fabián: [Ya te toca cambio de vendaje.]

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