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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 533

Betina se sintió un poco avergonzada por el comentario de Liliana y corrigió: —Liliana, mi hermana no me lastimó a propósito.

Liliana suspiró con resignación: —Está bien, Señorita Betina. Ya que insiste en arreglar las cosas con la Señorita Almendra, no diré más. Ya veremos cómo la trata en el futuro.

Betina entrelazó sus dedos, sintiéndose de repente insegura.

¿Y si su hermana nunca la perdonaba?

Almendra organizó algunas cosas, se colgó su bolso y salió de nuevo apresuradamente.

Se cruzó justo con Cristian, que regresaba de la empresa.

Cristian notó que su expresión parecía algo seria e inmediatamente intuyó que algo pasaba, así que preguntó: —Alme, ¿qué pasó?

Almendra recuperó su expresión natural y esbozó una leve sonrisa: —No es nada, voy a ver a Fabián.

Cristian hizo una pausa y preguntó: —¿Cómo va su recuperación?

—Mucho mejor.

—Bueno, cualquier cosa me echas un fon.

—Sí.

Pero cuando Almendra llegó en su carro a la mansión de Fabián, se enteró de que él no estaba allí.

Almendra percibió de inmediato que algo andaba mal y le preguntó con voz grave al mayordomo Iker: —¿Todavía está herido y salió? ¿A dónde fue?

Iker dudó un momento: —El Señor Fabián dijo que era un asunto de trabajo. Nosotros, como empleados, no podemos preguntar demasiado.

Almendra frunció el ceño con fuerza: —¿Hace cuánto se fue?

—Hace como una hora.

Almendra subió directamente al carro, abrió su celular e intentó localizar la ubicación de Fabián, pero lo extraño fue que no aparecía.

O peor aún, alguien lo estaba bloqueando intencionalmente.

Primero le envió un mensaje a Fabián: [Ya te toca cambio de vendaje.]

En la sede de la Red Nacional, uno tras otro, los cortafuegos lanzaban alarmas; esos sonidos agudos resultaban especialmente estridentes en el silencioso espacio.

Cientos de expertos cibernéticos de nivel nacional casi rompen sus teclados, pero el oponente venía con todo, rompiendo sus sistemas de protección uno por uno, de afuera hacia adentro.

El director de la Red Nacional, Gerardo, viendo que todos los sistemas estaban en alerta, se paró junto a un experto y dijo con voz grave: —Spectro, ¿de dónde diablos salió este tipo?

El hombre llamado Spectro, que llevaba gorra y cubrebocas negros, tecleaba locamente con ambas manos, con un brillo de nerviosismo y emoción en los ojos: —Es alguien pesado.

La mirada de Gerardo se oscureció aún más: —¡Mándale una advertencia, dile que se detenga!

Pero Spectro respondió: —Se la mandé desde el principio, pero le valió gorro.

Con ese nivel de habilidad, ¿cómo iba a tener miedo de dónde fueran ellos?

¿Y qué si era la Red Nacional?

¡La Red Nacional era justo lo que estaba rompiendo!

—Entonces, ¿qué es lo que quiere hacer? —Gerardo estaba furioso.

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