Esa breve frase de Almendra tenía un peso enorme.
Fabián se sintió increíblemente feliz; Alme por fin admitía su estatus y lo anunciaba públicamente.
En cambio, a Valeria y Rodrigo se les oscureció la cara al instante.
—¡Almendra! Tú no eres descendiente de la familia Farías, ¿con qué derecho vas a heredar los bienes de nuestra familia? ¡Sigue soñando!
Almendra habló con calma, sin ninguna prisa: —Pero en el testamento de la abuela dice claramente que la heredera soy yo. Ah, por cierto, después de que me fui de la familia Farías, ella modificó el testamento una vez más, y la heredera sigo siendo yo.
Rodrigo y Valeria se desesperaron de golpe.
—¡Almendra! ¡Siempre supe que eras una traicionera ambiciosa! ¡Fingías tratar bien a tu abuela solo por su herencia!
—¿Y ustedes qué? ¿No vinieron hoy aquí también por la herencia? Lástima que la abuela solo me reconoce a mí, no a ustedes —Almendra puso una expresión arrogante de "y qué me van a hacer".
Rodrigo zapateaba de coraje, mirándola sin comprender: —¡Alme! Tú eres la Maestra Alma, tienes muchísimos activos, ¿por qué tienes que venir a pelear por los del Grupo Farías? ¡El dinero del Grupo Farías no te pertenece!
Almendra sonrió con orgullo: —En este mundo, ¿quién se queja de tener demasiado dinero? Si la abuela me lo da, ¿por qué no lo voy a aceptar?
—Tú... tú... —Valeria estaba a punto de vomitar bilis del coraje.
—Ya que vinieron a ser buenos hijos, quédense a cuidar bien a la abuela. Ah, y ya toca pagar los gastos médicos de hoy.
Dicho esto, miró a Fabián: —Vámonos. Haremos turnos de un día, mañana venimos nosotros.
Fabián asintió: —Vámonos.
Al ver que Almendra realmente se llevaba a Fabián y se iba, Valeria entró en pánico: —¡Almendra! ¡No tenemos dinero para pagar el hospital ahorita!
Almendra: —¿La abuela no le depositó antes 20 millones a la cuenta médica de Braulio?
Y sin más, se fue.
Valeria y Rodrigo sentían que les iba a dar un infarto.


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