Laura también frunció el ceño: —Ni idea, creo que no la habíamos visto antes.
Por la figura y el porte, parecía ser una chava guapa.
Silvia sintió de pronto una amenaza; una chica, a estas horas en la mansión de la familia Reyes y a solas con Marcelo.
Laura notó lo que Silvia estaba pensando y la calmó de inmediato: —Ya, Silvia, primero preguntémosle a Betina.
Silvia asintió: —Va.
Betina estaba a punto de volver a su cuarto cuando escuchó al mayordomo decir que sus amigas la buscaban.
¡El corazón le dio un vuelco!
¿Sus amigas venían a buscarla?
Antes de que pudiera reaccionar, Laura y Silvia entraron por la puerta principal. Al ver a Yago, Frida y Simón, saludaron muy educadas.
Frida también las invitó sonriendo a sentarse a tomar algo fresco y comer fruta.
Laura dijo: —No se preocupe, señora, solo venimos a buscar a Betina, ¿no interrumpimos?
Frida sonrió con elegancia y calidez: —¿Cómo creen? Me encanta que vengan a visitarnos.
Betina, aterrada de que se descubriera que no era la verdadera hija de la familia Reyes, interrumpió antes de que Laura y Frida siguieran platicando: —Mamá, entonces me voy con Laura y Silvia a dar la vuelta.
Frida asintió: —Está bien, tengan cuidado afuera que ya es noche, regresen temprano.
—Sí, claro.
Al salir de la casa, Betina echó un vistazo a propósito hacia el patio. No vio a Almendra ni a Marcelo y respiró aliviada. ¡Qué susto! Menos mal que llegaron un poco tarde; si se hubieran topado con Almendra, ¿cómo les iba a explicar?
—Laura, Silvia, ¿por qué no me avisaron que venían? —preguntó sonriendo.
—Ella... ella en realidad es... —Betina estaba indecisa.
Si les decía a Laura y a Silvia que Almendra era la verdadera hija biológica de la familia Reyes, ¿la seguirían tratando como amiga?
Si esa noticia se corría, ¿cómo la vería la alta sociedad de La Concordia?
¿Cómo iba a mantener su lugar en la élite?
¡No, no podía decirles!
En ese momento, Betina solo tenía una idea en la cabeza: no podía revelarles la verdadera identidad de Almendra.
—¿En realidad es qué? —Silvia esperaba la respuesta con impaciencia.
Betina soltó lo primero que se le ocurrió sin pensarlo: —En realidad es una ahijada que mis papás hicieron suya.

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