—Papá, mamá, dejen de cometer errores.
La voz de Braulio sonó de repente en el salón. Valeria y Rodrigo, que habían perdido la compostura, abrieron los ojos con asombro.
—¿Braulio? Tú... tú dijiste que...
El joven, recién recuperado de una grave enfermedad, seguía pálido, como si el tiempo le hubiera lavado todo el color. Sus ojos estaban apagados, cargados de un cansancio profundo; esos ojos que antes brillaban como estrellas ahora parecían cubiertos por una capa de neblina.
Jadeaba ligeramente mientras caminaba despacio hacia Valeria y Rodrigo en el escenario; cada respiración parecía costarle un esfuerzo enorme.
Valeria miraba incrédula a Braulio acercándose lentamente. A su lado venía alguien más: Almendra.
El rostro de Valeria se deformó de inmediato:
—¡Almendra! ¡Fuiste tú! ¿Tú trajiste a Braulio?
—¡Almendra! ¡Braulio dijo que se sentía mal y tú fuiste al hospital a traerlo aquí! ¿Qué pretendes? —Rodrigo también temblaba de coraje. Apenas había logrado revivir al Grupo Farías, ¡y Almendra venía a arruinarles todo otra vez!
Incluso había involucrado a Braulio, ¡era demasiado!
Almendra curvó los labios en una sonrisa desafiante:
—¿No es su fiesta de cumpleaños? ¿Por qué no puede venir?
Una sola frase dejó a Rodrigo y Valeria mudos.
—Tú, tú... ¡Almendra! Si sabías que era la fiesta de Braulio, ¿por qué viniste a hacer desastres?
Valeria se volvió rápidamente hacia Braulio:
—Braulio, no te dejes engañar por ella, ven con tus papás. ¡Es una malagradecida que no quiere que estemos bien!
Braulio los miró con dolor, con la voz ronca:
—¿Quién es el que me está engañando en realidad?
—Braulio, claro que es ella. No quiere que nuestra familia esté bien, no puedes creer nada de lo que dice —se apresuró a decir Valeria.
Estaba muriéndose de la ansiedad.
Su hijo era su adoración; que ahora estuviera siendo engatusado por Almendra y no estuviera de su lado la desesperaba.
—¡Fueron ustedes! La abuela está herida y en coma, ¿por qué no me lo dijeron? —replicó Braulio.
—Eso fue un video falso que hizo Almendra. Braulio, Almendra quiere usar ese video editado para engañarlos, no le creas ni una palabra.
Braulio sonrió sin fuerzas y guardó silencio.
Almendra, con una actitud altiva y mirada gélida, observó a la pareja furiosa y habló con indiferencia:
—Maltrataron a la abuela, no se preocuparon por ella, y aprovecharon que estaba en coma por sus heridas para transferir sus bienes y vender sus acciones a escondidas; así fue como taparon el agujero financiero de la empresa.
—Y ahora, ¿no se atreven a admitirlo?
—¿Se atreven a hacerlo pero no a dar la cara?
¡Bum!
¡El escándalo estalló de nuevo entre los invitados!
¡Conque era eso!
¿Acaso eran humanos?
Al escuchar las palabras de Almendra, los antiguos accionistas de la empresa dieron un paso al frente de inmediato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada