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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 651

En cuanto Almendra subió al coche y se fue, Bruno recuperó su arrogancia. Aunque seguía sujetándose la cintura y el pecho con gesto de dolor, su tono volvió a ser despreciable: —¡Susana! Tú lo dijiste: cuando fueras libre, me darías los activos del Grupo Farías. Vamos ahora mismo a firmar ante notario.

Susana se volvió para mirarlo, soltando una risa lúgubre: —¿Cuándo dije eso? Lo que dije fue que, si me salvabas, te recompensaría con los activos del Grupo Farías. Pero, ¿cómo me trataste tú?

Dicho esto, Susana se arremangó la camisa, revelando sus brazos cubiertos de moretones.

—Bruno, ¿alguna vez me trataste como a un ser humano? ¿Solo querías mi dinero? ¡Sigue soñando! Deberías darme las gracias de que no te denuncie por secuestro y tortura.

No eran solo los brazos; su cuerpo entero estaba lleno de marcas similares.

Durante el tiempo que estuvo escondida allí para evitar a la policía, Bruno no dejó de maltratarla. La obligaba a hacer los trabajos más sucios y pesados, la golpeaba o insultaba a la menor provocación y la hacía dormir en una jaula para perros. Y un desgraciado como él, ¿todavía quería su patrimonio? Jaja...

Bruno se quedó atónito. No esperaba que Susana, quien momentos antes estaba suplicando y aguantando humillaciones, se le volteara de esa manera.

—Susana, hija de p...

—¡Cállate! —gritó Susana enfurecida—. Todas estas marcas en mi cuerpo son evidencia. Si voy a la comisaría ahora mismo, te arrestarán de inmediato. Si no me crees, podemos intentarlo. —Susana rió con locura.

¿De verdad creía que ella era una niña ingenua?

¿Pensaba que sus años sufriendo en la familia Borrero fueron en vano?

Ulises, ese demonio, la torturó durante más de una década y ella sobrevivió. ¡Los trucos de Bruno no eran nada en comparación!

Bruno no esperaba que Susana cambiara de actitud tan rápido. Quiso avanzar para darle un par de bofetadas y patearla, pero su movilidad era limitada. Realmente sentía que necesitaba ir al hospital primero; Almendra lo había golpeado demasiado fuerte.

—¡Susana! ¡Bien! ¿Quieres jugar conmigo? ¡Te la vas a ver conmigo! —Si no podía usar las manos, usaría las amenazas.

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