La vicerrectora Hidalgo miró a Elvira:
—Elvira, ¿tienes algo más que decir?
Elvira nunca se había sentido tan humillada. Su mirada era como un cuchillo dirigido a Natalia; ¡tenía ganas de matarla!
—¡Natalia! No tengo ningún problema contigo, ¿por qué quieres perjudicarme así?
Natalia apretó las manos y volteó la cara:
—Al principio no pensaba sacarlo, quería que admitieras tu error voluntariamente. Pero no solo no lo admites, sino que calumnias a Almendra. No quiero traicionar mi conciencia. Lo siento.
Natalia no esperaba terminar así con Elvira. No quería ofenderla, pero ya qué; si la familia Sandoval la ponía en su lista negra, que así fuera. No podía llevarse bien con alguien como Elvira.
Maximiliano no podía creer que, con la evidencia enfrente, Elvira siguiera tan arrogante. ¿De verdad creía que la escuela era propiedad de su familia?
—Elvira, ya que todo está claro, por favor discúlpate formalmente con Almendra. Si ella está dispuesta a perdonarte, dejaremos esto así.
Elvira, ya en una situación lamentable, ¿tenía que disculparse con Almendra? ¿Cómo iba a tragarse ese orgullo?
La vicerrectora Hidalgo también insistió:
—Elvira, dado que tú tuviste la culpa primero, discúlpate con Almendra. O bien, puedes decirnos qué piensas hacer.
Elvira miró con odio a Almendra, a Aurora y a Natalia. Especialmente a Natalia; si no hubiera sacado el video, Almendra y la escuela no habrían podido hacerle nada aunque lo negara hasta la muerte.
Ahora...
Apretó los puños, apretó los dientes y soltó unas palabras en voz baja y de mala gana:
—Lo siento.
Aparte de Almendra, nadie presente escuchó su disculpa.
Almendra soltó una risa y miró a Elvira:
—Te di una oportunidad. Ya que no la quieres, olvídalo.

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