Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 690

—¡Cállate! ¿Quieres que me maten? ¿Qué nos importa qué novio tenga? ¿No aprendiste la lección con lo que le pasó a Elvira?

De repente, todos entendieron que Almendra tenía un respaldo fuerte y que no se le podía ofender.

—El asesor mandó la ubicación de nuestro grupo para el entrenamiento, vamos rápido —dijo Aurora mirando el celular.

Natalia se limpió la boca con una servilleta y revisó el grupo:

—Hay alguien en nuestro salón que no puede participar, va a perder muchos puntos, ¿eh?

Aurora exclamó:

—¿Ah? No lo vi.

—Está arriba, dale para atrás.

Aurora se sorprendió:

—¿No será Elvira? ¿No va a venir?

—No, se llama Susana. Dice que tuvo una cirugía mayor hace poco, tiene certificado médico.

—Ah, bueno. Si tuvo cirugía mayor, entonces no puede.

Almendra alzó una ceja. Vaya, ¿estaba en el mismo salón que Susana?

El Grupo 3 de primer año estaba en la esquina sureste del campo, tercera fila. Había demasiada gente; de un vistazo, todo era una masa verde oscuro.

—Sureste, sureste... ¿es allá? —señaló Aurora dudosa.

Almendra caminó directamente hacia allá.

Aurora y Natalia la siguieron de inmediato.

A su alrededor, otros estudiantes buscaban apresurados a sus grupos.

—¿Dónde está el Grupo 9? Vamos a llegar tarde.

—Rápido, no te tardes.

—Busquen bien, hay letreros. ¡Nos van a castigar si llegamos tarde!

Realmente vino.

No esperaba que fuera de esta manera.

Su postura era erguida como un álamo, de pie con orgullo bajo el sol. El uniforme de camuflaje limpio se ajustaba a su cuerpo atlético, delineando líneas duras, hombros anchos y cintura estrecha, piernas largas y rectas; cada movimiento emanaba una fuerza natural.

Su rostro parecía esculpido, con contornos definidos, cejas atractivas que se alzaban hacia las sienes y ojos profundos como un abismo sin fondo. Bajo su nariz recta, sus labios formaban una línea firme, pero cuando Almendra lo miró, él también la miró a ella, y esa línea firme se curvó ligeramente en un arco casi imperceptible, como saludándola.

Almendra alzó una ceja, se dio la vuelta y no le hizo más caso.

¿El objetivo de Ricardo al venir aquí era Fabián?

En los siguientes minutos, los compañeros de clase fueron llegando uno tras otro, jadeando. Como había tanta gente y todos vestían igual en el campo de entrenamiento, no era fácil encontrar el lugar.

Cuando las chicas del salón vieron a su instructor, todas suspiraron lo mismo: ¡Qué joven y qué guapo!

¡Está cañón de guapo!

Miraron al grupo de al lado y, cielos... ¡eso no tenía comparación!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada