Para una empresa de ropa de ese tamaño, perder veintitrés millones en seis meses no parecía una cifra exorbitante.
Teodoro asintió, como si fuera lo más normal del mundo.
—Así es, señorita Almendra. Nuestra empresa siempre ha tenido pérdidas. De hecho, este semestre ha sido el de menores pérdidas. Si las ventas siguen así, para el segundo semestre podríamos empezar a tener ganancias.
A Almendra le pareció ridículo.
—Quiero que reúnas todos los informes financieros, desde que se fundó la empresa hasta hoy. Los revisaré en mi oficina —le dijo a Teodoro.
Era imposible que una empresa tan grande, respaldada por el Grupo Reyes, perdiera dinero año tras año. Ahí había algo raro.
Teodoro, claramente incómodo, trató de disuadirla.
—Señorita Almendra, eso va a ser complicado. Solo tenemos organizados los de los últimos seis meses. Además, revisar cuentas tan viejas no nos ayudará a mejorar los resultados. Lo importante es que usted entienda la situación actual y nos ayude a aumentar las ventas.
—¿Usted me está diciendo cómo hacer mi trabajo? —preguntó Almendra con voz gélida. Sus ojos claros emitían una presión que hizo que Teodoro, un hombre hecho y derecho, sintiera un escalofrío.
—No, ¡cómo cree! Si la señorita Almendra quiere verlos, daré la orden para que los preparen cuanto antes.
—Bien. Los quiero listos antes de que termine el día.
Teodoro, intimidado por el aura imponente de Almendra, asintió sin dudar.
—Sí, señorita Almendra.
Cuando Almendra y Uriel se fueron, Teodoro soltó un bufido. «¡Qué extraño! Llevo años en este negocio, he visto a todo tipo de jefes. ¿Cómo es posible que me haya dejado intimidar por una mocosa de diecisiete años?».
***
Al salir de finanzas, Uriel notó la expresión seria de Almendra y preguntó con cautela:
—Señorita Almendra, ¿convocamos a una reunión con los jefes de departamento?
Normalmente, el primer día de un nuevo presidente se dedicaba a reuniones con los directivos.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada