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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 8

Frida rodeó a Almendra con sus brazos, con los ojos de nuevo enrojecidos. Dieciocho años. Su pequeña había estado lejos de ellos durante dieciocho años. Cada vez que lo pensaba, sentía el corazón atravesado por mil agujas.

El anciano soltó un bufido y se levantó del sofá.

—Está bien, no diré más. Pero quiero dejar algo claro: Betina sigue siendo mi nieta. Quiero que ustedes dos se lleven bien. Me retiro a mi habitación.

Al ver al anciano alejarse, apoyado en su bastón y negando con la cabeza, Almendra no pudo evitar fruncir el ceño.

¿Betina?

Frida notó su confusión y le explicó en voz baja:

—Betina es… la niña que tu padre y yo criamos. Es una historia larga. Primero ve a darte un baño y a cambiarte, y luego mamá te lo cuenta todo con calma.

—De acuerdo —asintió Almendra.

La habitación que Simón y Frida le habían preparado estaba en el segundo piso, orientada hacia el sol. Era de estilo princesa europea y más grande que toda la mansión de los Farías. Tenía un dormitorio, una sala de estar, un vestidor, un espacio para joyería, un tocador, un cuarto de baño, un aseo y hasta un mirador. Era inmensa y espectacular.

Enseguida, los sirvientes empezaron a traer perchero tras perchero llenos de ropa. Frida ayudó a Almendra a elegir.

—Alme, mira, todo esto es lo último de las marcas más famosas de La Concordia. ¿Te gusta algo?

Era verano, así que la mayoría de las prendas eran ligeras.

Almendra observó las hileras de ropa frente a ella, atónita. Tomó una etiqueta y, al verla, su expresión se tornó extraña.

Frida, al notarlo, preguntó con cautela:

—Alme, ¿no te gusta esta ropa? Si no, le pido a alguien que traiga más ahora mismo.

Capítulo 8 1

Capítulo 8 2

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