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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 87

Si Almendra no le hubiera hecho acupuntura al abuelo hace unos días para mejorar su circulación, esa sopa de Betina lo habría mandado directo con San Pedro.

Simón y Frida dirigieron su mirada al unísono hacia Betina, que seguía sentada en el suelo, sollozando.

—Perdónenme, papá, mamá. Solo quería que recuperaran fuerzas. No imaginé que las hierbas que a ustedes no les hicieron nada, al abuelo…

Su insinuación era clara: si el abuelo se había puesto mal, no era del todo culpa de su sopa, ya que Simón y Frida también la habían tomado sin problemas.

Frida sabía que Betina era una niña que se preocupaba por los demás, así que se acercó a ayudarla a levantarse.

—Betina, tu hermana no te está culpando. Solo nos está explicando que el cuerpo de tu abuelo es más delicado y no puede comer cualquier cosa.

—Lo sé, papá, mamá. Les prometo que nunca más volveré a prepararles remedios sin saber —dijo Betina, con un puchero de arrepentimiento.

—Betina, nosotros estamos bien. No te culpes —la consoló Frida. No estaba enojada con ella; al fin y al cabo, había sido un gesto de buena fe que había salido mal.

—¡Ay! —exclamó Simón de repente.

Frida se giró de inmediato y vio que a Simón le había brotado un sudor frío en la frente. Su rostro tenía un color extraño y se cubría media cara con una mano, con una expresión de dolor.

—Mi amor, ¿qué te pasa?

La imagen de Simón la aterró. Corrió a sostenerlo.

Él, tapándose la mejilla, apenas podía hablar.

—No… no sé qué pasa. De repente, la muela… me duele muchísimo.

Almendra se acercó, le tomó el pulso a Simón en la muñeca y dictaminó:

Capítulo 87 1

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