—¿Y si la llamas y le preguntas? —sugirió Néstor—. A ver si te dice de dónde salió esta Almendra y si hay forma de quitárnosla de encima.
La presencia de Almendra era un verdadero estorbo.
—Está bien, voy a llamarla —dijo Olga, apretando los dientes.
Frida descansaba en una sala privada del hospital. Aunque Almendra les había dicho que el abuelo no despertaría hasta dentro de cuatro horas y que podían ir a casa, ni ella ni Simón se sentían tranquilos, así que decidieron quedarse.
Betina le estaba pelando una manzana cuando sonó el celular que estaba en la mesita de noche.
—Mamá, es la señora Olga.
Betina tomó el celular y se lo entregó a Frida. Estaba segura de que Almendra había cometido un error garrafal en la empresa, de lo contrario, la señora Olga no estaría llamando.
Frida no podía creer que Almendra hubiera acertado. Le había dicho que Olga la llamaría por la tarde, y así fue. Fingiendo no saber nada, contestó.
—Olga, ¿qué pasa?
—Frida, ¡qué cosas dices! ¿Acaso no puedo llamarte si no pasa nada? —respondió Olga con una risa familiar y un tono cálido.
—Claro que sí —rio Frida.
—Bueno, Frida, la verdad es que hoy sí te llamo para preguntarte algo —dijo Olga, con un deje de vergüenza.
—Dime, ¿qué es?
Frida no esperaba que Olga se quejara. Su voz se enfrió un poco.
—Olga, el traslado de Almendra fue una decisión de Simón y de la sede central, yo no puedo hacer nada. Y en cuanto a que quiera despedir a dos recepcionistas, no tienes por qué informarme de algo tan trivial. No lo haría sin una buena razón; seguro que cometieron algún error. Como directora de la empresa, tiene la autoridad para despedir a quien quiera, ya sean dos simples recepcionistas o un gerente de departamento. Lo único que tienen que hacer es cooperar con ella y trabajar. Confiamos en que puede sacar adelante la empresa.
Frida no lo decía por cortesía. Realmente creía que su hija podía hacerlo.
Olga se dio cuenta de que Frida estaba molesta y se apresuró a disculparse.
—Lo siento, Frida. Solo me preocupaba el futuro de la empresa, por eso te llamé. Si es una decisión de Simón, por supuesto que cooperaremos con ella para levantarla. No te enojes.
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