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Marea de Pasión: El Contrato Benavente romance Capítulo 8

Hasta ahora, Victoria nunca había conocido a nadie con una personalidad tan particular.

De hecho, en la casa de los Ybarra había una regla estricta de no hablar durante la comida ni a la hora de dormir. Aún así, ella se atrevió a preguntar:

—¿Yolanda va a vivir aquí todo el tiempo? Me refiero a... ¿estará con nosotros las 24 horas?

Saúl arqueó una ceja y, dirigiéndose hacia la cocina, alzó la voz:

—Yolanda, de ahora en adelante, después de las ocho de la noche tiene prohibido subir a las habitaciones del segundo piso.

Antes de que Victoria pudiera explicar que su intención no era decir que le desagradaba la presencia de la señora, él continuó:

—No quiero que, a su edad, termine viendo algo inapropiado.

Victoria casi se atragantó con la leche de almendras.

—¿Cómo se te ocurre decirle eso a una mujer mayor?

Al notar que al fin asomaba un brillo de genuina indignación en los ojos de ella, Saúl apoyó la barbilla en su mano con actitud burlona.

—Pensé que tenías planeado acosarme sin descanso las veinticuatro horas del día. Solo le estoy pidiendo a Yolanda que se aparte para dejarte actuar libremente.

Victoria se tragó la vergüenza de golpe.

—Pierde cuidado; la probabilidad de que eso pase es mínima.

Desde la cocina, se oyó la risa amable de Yolanda.

—Entendido.

Victoria trató de enmendar el daño rápidamente:

—¡Yolanda, solo está bromeando! No le haga caso.

Saúl la miró con una media sonrisa, dibujando en su rostro un aire pícaro, como el de un canalla irresistible.

Victoria agachó la cabeza y siguió comiendo su desayuno.

Una vez que terminaron de desayunar, un hombre con un impecable traje formal y gafas entró por la puerta principal.

—Señor Benavente, el auto ya lo espera en la entrada.

Saúl se limpió la boca con una servilleta.

—Él es mi asistente. Puedes decirle Xavier.

Xavier dirigió la vista hacia Victoria.

—Buenos días, señora Benavente.

Encendió la radio para hacer más ameno el trayecto. El Mirador de la Corona no solo contaba con un inmenso y hermoso paisaje de un parque natural, sino que su cercanía al centro de la ciudad marcaba un valor astronómico en el mercado. A Victoria le tomó un buen rato lograr salir del complejo para siquiera incorporarse a la avenida.

Cuando por fin logró entrar al denso tráfico, en la radio empezó la sección de noticias de farándula.

—El heredero menor de los Ortega, Daniel Ortega, fue captado pasando la noche con una hermosa acompañante. Todo parece indicar que la misteriosa mujer es Julieta, la reciente promesa que Espectro Dorado está impulsando...

Victoria escuchó la nota sin mostrar un ápice de emoción. Los noviazgos de Daniel siempre empezaban con bombos y platillos, y terminaban apagándose en el olvido, borrando del mapa a todas aquellas mujeres a las que en algún momento amó con locura.

A estas alturas, ya ni recordaba cuántas veces había escuchado chismes como ese.

En la ciudad, el tráfico matutino era una tortura constante.

Su antiguo departamento estaba bastante cerca del teatro. Salir desde el Mirador de la Corona le sumaba unos diez minutos más, y eso con la suerte de que no hubiera embotellamientos en la autopista. Ahí, a menos que tuvieras un helicóptero privado, sin importar qué tan costoso o barato fuera tu auto, terminabas avanzando a paso de tortuga como el resto de los mortales.

Cuando el noticiero terminó y la emisora regresó a la música, Victoria, apurada, logró llegar al estacionamiento. Al entrar al teatro, el ambiente tras bastidores ya era un hervidero de actividad febril.

Su mejor amiga, Silvia Juárez, andaba con varios accesorios ensayando sobre la cabeza de uno de los actores. Al notar que Victoria entraba, alzó la mirada, y segundos después, la fulminó con los ojos, entrecerrándolos con sospecha mientras se aproximaba a ella.

Victoria apartó la silla, se sentó en su tocador habitual y, con una sonrisa, le preguntó:

—¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara?

—No es en la cara... lo tienes en el cuello. ¿De dónde salió esa mordida? ¡No me digas que saliste con un cualquiera!

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