Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1201

Gilda apretó los labios y asintió con impotencia: "Está bien."

"Iré a contar a nuestra gente." Sombra también se sentía bastante impotente. "El resto de los hombres de El Refugio serán enviados al Submundo para su reeducación."

Para no causarle problemas al país.

"De acuerdo."

Aldana Carrillo le sonrió levemente a Sombra: "Buen trabajo."

"¡Para eso estamos!"

Sombra esbozó una sonrisa, se acercó a Aldana y bajó la voz: "Si tu novio no fuera tan celoso, de verdad me gustaría abrazarte."

"Oh."

Aldana miró hacia atrás y clavó la mirada en el hombre que la observaba fijamente a ella y a Sombra. Soltó una risita relajada: "El pobre está bastante mal, no lo hagas enojar esta vez."

Tras organizar los siguientes pasos, Aldana volvió al lado de Rogelio Lucero. Alzó su hermoso cuello y, con una sonrisa en los ojos, le preguntó: "Sr. Rogelio, ¿todavía aguantas?"

Rogelio se irguió al instante, reuniendo fuerzas, jaló a la chica hacia su pecho, se inclinó cerca de su oído y, con el aliento ardiente, le susurró: "Aldi, nunca dudes de tu hombre. Maldita sea, claro que aguanto."

A Aldana le ardieron las orejas. Dejó caer un puño sobre su hombro y murmuró: "¡De verdad me preocupa tu salud!"

¿Por qué no puede hablar en serio sin soltar insinuaciones de ese tipo?

Y además, yendo tan rápido.

"¡Mi salud es excelente!" replicó Rogelio, negándose a ceder.

¡Puedes dudar de cualquier cosa, menos de la hombría de un hombre!

"Oh."

Aldana enarcó una ceja con pereza y dijo con indiferencia: "Vámonos de regreso."

"Aldi…"

Al ver que Aldana se iba, Rogelio instintivamente extendió la mano para detenerla.

Sin querer, se tiró de la herida y dejó escapar un pequeño quejido.

"Sss…"

"Qué terco eres." Aldana se detuvo, lo rodeó por la espalda con ambos brazos y levantó la mirada para encontrarse con su rostro pálido y sin sangre: "¿No que estabas en perfecta forma? ¿Por qué te andas quejando, Rogelio el mimado?"

Tan pronto como salieron esas últimas palabras.

Sombra, Gilda y los subordinados alrededor abrieron los ojos de par en par.

Al ver que no se querían separar, Gilda no pudo evitar advertirles: "Ya fue suficiente. Este lugar no es seguro, es mejor que nos vayamos lo antes posible."

"Vámonos."

Aldana asintió y, tomando a Rogelio de la mano, caminaron hacia la salida.

Al pasar por el jardín, se detuvo: "Que alguien venga y queme todas estas horribles flores."

A la señora Sania Verano no le gustaría ver cosas desagradables.

En el camino de regreso.

La finca se vio envuelta en un gran incendio, tiñendo de rojo la mitad del cielo.

Rogelio se apoyó en el pecho de Aldana, sosteniendo su mano sin soltarla ni un segundo.

"Qué buen actor", criticó Gilda. "Cuando llegamos estaba de lo más bien."

Aldana bajó la mirada, le tomó el pulso y frunció el ceño con fuerza.

Esta vez, Rogelio el mimado se había desmayado de verdad.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector