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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1279

Ella estaba segura de que no se había equivocado.

—No hay errores.

El profe Bonifacio la miró asombrado y tartamudeó: —Pero la última parte que mencionaste es un tema que todavía no he enseñado. ¿Cómo lo sabes?

Los demás estudiantes también la miraron desconcertados.

Creían que no sabría responder, ¡y resultó que no solo contestó bien, sino que se adelantó a la lección!

¿Cómo era posible?

—¿Eh?

Aldana hizo memoria. Era cierto, aún no habían llegado a esa parte, sonrió con incomodidad: —Lo dije todo de corrido y no pude frenar. La próxima vez que me pregunte, prometo no adelantarme.

Profe Bonifacio: "?"

Estudiantes: "?"

¿Acaso esa respuesta tenía sentido?

—Profesor, supongo que pasé la prueba, ¿verdad? —Aldana miró la hora, ansiosa—. ¿Ya me puedo ir?

—S-sí, claro.

El profe Bonifacio asintió, aún sin salir de su asombro.

—Hasta luego, profesor.

Aldana hizo una pequeña reverencia y salió corriendo a toda prisa.

El profe Bonifacio apartó la mirada y observó a los estudiantes, que ahora se amontonaban alrededor de sus libros, buscando frenéticamente.

—Ella mencionó temas nuevos hace un momento, ¿no es así?

Y no solo los mencionó, sino que dio una breve explicación.

—Sí.

Los estudiantes revisaron los libros y descubrieron que lo que Aldana había dicho era exactamente lo que estaba escrito.

—Seguro leyó el libro antes de venir —comenzaron a justificarse.

Un contenido tan difícil... es imposible que lo supiera de antemano.

Seguro se lo memorizó todo.

—Jaja, sí que supo cómo lucirse esta vez —comentó un chico con sarcasmo.

—Memoria fotográfica, eso es todo —añadió otro de inmediato—. Pero la medicina no se aprende solo memorizando libros.

—Veamos cuánto saca la geniecillo en el examen de mañana.

—Basta de discusiones.

Era un deleite para la vista.

—¿Buscas novia, guapo? ¿Me pasas tu número?

Aldana se acercó, cambiando la voz a propósito.

...

Rogelio se giró. Al ver el rostro de la chica, la frialdad en su expresión se transformó en pura alegría.

—No busco novia.

Rogelio colgó el teléfono, la tomó de la cintura con una mano, se inclinó para besarle la comisura de los labios y murmuró con voz ronca y seductora: —Busco esposa. ¿A la señorita Carrillo le interesaría el puesto?

—Esposa...

Aldana entrecerró los ojos, sonriendo con picardía: —Ese puesto ya está reservado por otra persona. ¿Qué tal si consideras otra opción?

—No importa.

Rogelio le tomó la mano y la besó suavemente, con ternura y devoción: —Con tal de estar a tu lado, aunque sea como tu amante, aceptaría encantado.

—¡Qué atrevido!

Aldana le tiró de la corbata y bromeó: —¡Rogelio el mimado!

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