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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1917

...

Leonardo movió los labios, pero al final no dijo nada y apartó la mirada en silencio.

Eran un par de payasas.

—¿Eh?

Mientras platicaban, Sombra estiró el cuello y miró a Lourdes con detenimiento: —Lourdes, has cambiado un poco últimamente.

—¿Ah... sí?

Lourdes tragó saliva del susto, se acomodó la ropa de forma disimulada e intentó sonar tranquila: —¿En qué he cambiado?

—Mmm...

Sombra se levantó, dio una vuelta alrededor de Lourdes y luego la abrazó riendo a carcajadas: —¡En que estás cada día más hermosa!

...

Lourdes se quedó paralizada, quería reír pero no podía.

Por un segundo creyó que su cuñada había descubierto lo del bebé.

Qué susto.

Mientras seguían riendo, llamaron a la puerta.

Quico Mendes entró tomando de la mano a su esposa y cargando a su hijo, Gordito.

—Gordito... —Sombra corrió hacia ellos, tomó al niño en brazos y le dio un gran beso—: ¿Extrañaste a tu tía? Di que sí, ándale, dilo.

—Iiii-aaa-uuu...

Gordito tenía poco más de medio año, así que solo balbuceaba en idioma de bebé.

—¡Mjm, mjm! —Sombra fingió entenderlo a la perfección y asintió frenéticamente—: Gordito dice que no solo me extrañó, sino que también dice que su tía está cada vez más guapa.

—Este niño, hasta se puso rojito de la pena.

—No creo que sea eso.

Lourdes se acercó y de inmediato sintió un olor un tanto peculiar. Se tapó la nariz y dijo: —Julieta, creo que Gordito se hizo popó.

Sombra se quedó sin palabras.

¿O sea que estaba rojo de tanto pujar y no de la pena?

Qué vergüenza.

—Ya que te gustan tanto, ¿por qué no tienes uno con mi hermano?

Julieta le pasó el bebé a Quico y preguntó con una sonrisa: —Con los genes de ustedes dos, el bebé sería hermoso.

—No podemos —Sombra miró de reojo a Leonardo, que observaba cómo cambiaban a Gordito, y dudó antes de seguir hablando.

—¿T-Tú crees? —Lourdes se puso nerviosísima.

Al parecer, las mujeres que ya eran madres tenían un radar para detectar embarazos.

—No, qué va, debe ser que no he dormido bien y amanecí un poco hinchada.

Lourdes soltó una carcajada nerviosa y cambió de tema: —¡Ay, voy rápido al baño!

Al volver.

La atención de Julieta ya estaba centrada en Gordito, así que no le hizo más caso.

Lourdes suspiró aliviada, pero justo cuando se sentó, la puerta se abrió de nuevo.

Rogelio Lucero entró de la mano de Aldana Carrillo.

...

La mirada de Aldana recorrió toda la sala y se clavó directamente en Lourdes.

...

Lourdes se quedó tiesa al instante.

Ya valió.

Acababa de llegar la máquina de ultrasonido humana.

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