—Así se veía mi madre antes de morir. Por culpa de sus infidelidades y de sus brutales golpizas, ella cayó en una depresión que la llevó a la tumba.
¡Clic, clic, clic!
Los reporteros, con las cámaras en alto, no paraban de tomar fotos.
La mujer en la foto era un saco de huesos, con el rostro completamente cubierto de moretones y cicatrices.
En sus últimos días, sus ojos estaban tan hundidos que daba escalofríos.
Su expresión reflejaba un alma completamente destruida, provocando un nudo en el estómago en quien la mirara.
—Este documento contiene todas las pruebas de sus actividades ilícitas.
Sombra deslizó el dedo por la pantalla, pasando de página lentamente.
Las pruebas no solo incluían reportes escritos, sino también fotografías de otras de sus víctimas.
Era espeluznante verlo.
—Un asesino, un corrupto, un hombre violento... —Sombra movió sus labios pálidos, reprimiendo sus emociones y hablando con una calma aterradora—. ¿Acaso alguien así no merece podrirse en la cárcel?
...
Los presentes se miraron entre sí, nadie se atrevió a decir una palabra.
Tenía toda la razón del mundo.
—Y respecto a mi supuesta madrastra y hermanastra... —Sombra continuó—: Si terminaron en la cárcel, fue únicamente por buscarse su propia ruina.
—Yo no fui quien las mandó ahí, fueron ellas mismas con sus crímenes.
—Como ya no quedaba nadie en la familia, mi medio hermano no tuvo más remedio que venir a buscar refugio conmigo.
¿Refugio?
Los reporteros cruzaron miradas, sintiendo que algo no cuadraba en esa historia.
Si arrestaron a los padres y a la hermana, ¿acaso el niño no guardaría rencor?
¡Eso no era nada normal!
Seguro Sombra estaba inventando cosas para limpiar su imagen pública.
—Señorita Sombra, ¿podríamos escuchar la opinión de su hermano menor?
Como buenos buitres de la farándula, tenían un instinto infalible para buscarle cinco patas al gato.
—No.
La mirada de Sombra se heló al instante y rechazó la petición sin rodeos: —Mi hermano es muy pequeño y no dará entrevistas a los medios.
Ya era suficiente con que la destrozaran a ella, ¿ahora querían arruinar a su hermanito?
¡En sus sueños!
...
Al ver al pequeño hecho un mar de lágrimas, el corazón de Sombra se enterneció. Le acarició el cabello y le dijo suavemente: —Tu hermana se encargará de esto, tranquilo.
—¡Hermana, yo no tengo miedo!
Julián apartó suavemente la mano de Sombra y, enfrentándose a la multitud, alzó la voz con valentía: —Mi padre lastimaba mucho a mi hermana, él es un hombre muy malo.
—Encerraba a mi hermana en el Cuarto oscuro y le pegaba con un palo de madera hasta sacarle sangre por todo el cuerpo.
—La dejó sorda del oído izquierdo a punta de golpes.
—¡Y si mi hermana no lo mandaba a la cárcel, cuando yo fuera grande me iba a encargar de hacerlo yo mismo!
—¡Julián!
Sombra palideció y rápidamente le tapó la boquita con la mano.
No quería que Leonardo se enterara de su miserable y oscuro pasado.
¿Qué?
¿La señorita Sombra era sorda del oído izquierdo?
Mientras la multitud en el aeropuerto se quedaba atónita, frente a la pantalla del celular, Leonardo sintió que el corazón se le partía en dos.

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