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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1449

Además...

Ese era su departamento. Él podía entrar y salir cuando le diera la gana.

Ella, como su esposa a punto de firmar el divorcio, ¿qué derecho tenía a cuestionarlo?

—Ninguna sorpresa, por supuesto —respondió Casiana, rompiendo el silencio tras unos segundos de tensión—. Las plantas del balcón se estaban secando, así que les eché un poco de agua.

—Si no me necesitas, me voy a mi cuarto.

Casiana respiró hondo, se apoyó en las muletas y empezó a caminar a duras penas. Al pasar junto a él, de reojo notó la caja transparente sobre la mesa. Un pastel mil hojas.

De fresa.

Su sabor favorito.

¿Acaso se lo había comprado a ella?

Pero al instante, soltó una risa amarga en su mente, reprochándose su propia ingenuidad.

Debería dar gracias al cielo de que no la hubiera echado a la calle, ¿y encima esperaba que le trajera postres?

—Ah, por cierto, planeaba irme mañana mismo —añadió Casiana, deteniéndose un instante—, pero con el pie así no puedo moverme mucho. Supongo que necesitaré una semana más de reposo. Si te incomoda mi presencia, puedo buscar un hotel.

...

Félix la miró de reojo, sintiendo una punzada de frustración en el pecho.

—No es necesario.

Con una pierna lastimada y sin conocer a nadie en la inmensa capital...

¿A dónde se iba a ir esa pequeña lisiada?

—Gracias. —Casiana se sorprendió un poco al ver que él accedía tan rápido. Le dedicó una sonrisa tenue y distante—: Pierde cuidado, haré lo posible por no estorbarte.

La brisa nocturna levantó suavemente el cabello de Casiana, acariciando su rostro y haciendo que su sonrisa se viera aún más cautivadora bajo la luz.

Félix no pudo evitar mirarla un par de segundos de más, antes de reaccionar y darle la espalda bruscamente.

...

La sonrisa de Casiana se esfumó y una profunda amargura le inundó el pecho.

¿Tanto asco le daba verla?

¡Pues que no mirara! ¡Nadie le rogaba que lo hiciera!

Idiota.

Casiana endureció su expresión y retomó su lento andar. No había dado ni tres pasos cuando la voz de Félix la detuvo:

—Llévate esto.

Le acercó la caja del pastel sin mirarla a la cara, manteniendo la cabeza volteada hacia otro lado.

—Estaban al dos por uno. No me lo voy a terminar.

¿Al dos por uno?

Entonces, ¿quién se había comido la otra mitad?

Obviamente no había sido Félix, porque él detestaba las cosas dulces.

¿Su amor platónico, acaso?

Al pensar en eso, a Casiana se le hizo un nudo en el estómago. Miró el pastel de fresas que le ofrecía y le contestó con total frialdad:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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