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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1453

El brillante diamante destellaba, evocando en su mente el instante preciso en que habían intercambiado anillos el día de su boda.

Casarse con él había sido un tormento para ella.

Había llorado desde el inicio de la ceremonia hasta el final, arruinando por completo su maquillaje.

Terminó ahogando sus penas en alcohol y, en su borrachera, casi perdió el anillo.

Él había tenido que arrastrarse por el césped durante tres horas hasta encontrarlo.

¿No se suponía que no le importaba y estaba decidida a divorciarse?

Entonces, ¿por qué demonios seguía usando esta cosa?

Casiana...

Félix cerró el puño con fuerza, oscureciendo su mirada poco a poco.

Justo en ese momento.

Una voz conocida sonó a sus espaldas:

—¿Félix?

—¿Aldi?

Félix dio un paso hacia ella, con el ceño fruncido.

—¿Qué haces aquí? ¿Te sientes mal?

—Esa pregunta debería hacerla yo. —La mirada aguda de Aldana Carrillo se posó en la prenda que él sostenía; era evidente que pertenecía a una mujer. Entrecerró sus ojos brillantes—. Félix, dime que no me engañas, ¿no le serás infiel a Casiana?

—¿Qué? —Félix enarcó una ceja, confundido.

—Ayer la excusabas por los mensajes, y hoy la acompañas al hospital... —La mirada de Aldana se volvió helada, pronunciando cada palabra con detenimiento—: Félix, ¿crees que Casiana se merece esto?

Aunque eran hermanos de sangre, a la hora de la verdad, ella siempre defendería lo justo, sin importar los lazos familiares.

Sobre todo tratándose de una infidelidad o de jugar con los sentimientos de una mujer. Eso era inaceptable.

—¿Qué tonterías estás diciendo? —Félix no pudo evitar sonreír, soltando un suspiro de resignación—. No es ninguna otra mujer. Es Casiana.

Vino a verme hace un par de días, se torció el pie por accidente y la traje a revisarse.

—¡Casiana! —Los ojos de Aldana brillaron con aún más intensidad. Su instinto chismoso ardía; por fin iba a conocer a su famosa cuñada. Esquivó a Félix y avanzó decidida, murmurando—: Voy a verla.

—Aldi.

Félix la detuvo rápidamente. Su atractivo rostro reflejaba preocupación mientras trataba de explicarse.

—Nuestra relación ahora mismo es un poco... peculiar. Si de golpe le presento a la familia, podría incomodarse mucho.

Mejor dale algo de tiempo. Más adelante la llevaré a cenar con todos.

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