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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1452

—De verdad es hermosa.

Al ver que la expresión de Félix cambiaba, y temiendo que quisiera echar a la mascota, Casiana se apresuró a explicarle con paciencia:

—Ya tiene todas sus vacunas y la desparasitamos. Está muy sana.

—¿Es macho o hembra? —preguntó Félix.

—¿Eh? —Casiana se quedó perpleja por un instante antes de responder en voz baja—: Es hembrita.

—Está bien, si te gusta, quédatela —dijo Félix, abriendo sus finos labios con voz ronca—. Pero no puede entrar a mi cuarto y menos acercarse a mí.

Siendo médico, tenía cierta obsesión con la limpieza.

—Gracias.

Casiana soltó un suspiro de alivio en secreto. De todos modos, pensó, solo faltaban menos de dos meses para que esto terminara.

Después del divorcio, se iría de allí con su pequeña compañera.

Al ver la leve sonrisa en su rostro, Félix apretó los labios.

¿Le había puesto ese nombre a una simple gata?

Y él que había llegado a pensar que lloraba porque extrañaba a Gustavo Galván.

***

El hospital.

Félix estacionó el auto, abrió la puerta del copiloto y se inclinó hacia Casiana.

Tras dudar unos segundos, ella finalmente rodeó su cuello con los brazos y dejó que la cargara.

En estos pocos días, habían tenido más contacto físico que en los tres años anteriores juntos.

Félix llevó a Casiana en brazos hasta la sala de consultas.

El doctor de turno, al verlo, se puso de pie de inmediato y lo saludó respetuosamente:

—Dr. Hidalgo, ¿qué lo trae por aquí?

—Mi esposa se torció el pie accidentalmente. La traje para una revisión —respondió Félix con una sonrisa, sentando a Casiana en la silla de exploración.

¿Esposa?

Hacía tanto tiempo que no lo escuchaba llamarla de esa manera que Casiana sintió un nudo en la garganta.

—Ah, es la Sra. Hidalgo.

El doctor comprendió la situación al instante y se acercó, soltando algunos halagos mientras la revisaba:

—El Dr. Hidalgo es un esposo maravilloso. Debe estar muy preocupado por usted.

Casiana apretó sus labios rojos y no dijo nada.

Félix ni lo admitió ni lo negó, simplemente preguntó en voz baja:

—¿El hueso está bien? Le apliqué un poco de medicamento, pero sigue muy inflamado. Además, no ha podido dormir bien estas dos últimas noches.

—¿?

Casiana estaba a punto de agradecerle la oferta, pero Félix se le adelantó:

—No hace falta.

—Como prefiera.

El colega los miró a ambos con una sonrisa pícara y comentó:

—Han estado separados por tanto tiempo, es natural que quiera tenerla en brazos un rato más.

Casiana miró de reojo a Félix y notó que tenía el ceño fruncido y también la estaba mirando fijamente.

Sus miradas se encontraron, y ninguno de los dos pronunció palabra.

No sabía si era su imaginación o el hecho de que estaban tan cerca, pero podía sentir cómo el corazón de Félix latía con fuerza contra su pecho.

Tras esa pequeña interacción, finalmente llegaron.

Félix la depositó en la camilla como le indicaron. Antes de salir de la sala, se inclinó, clavó sus ojos en el rostro de ella y la tranquilizó con voz suave:

—Será rápido, te espero afuera.

—Sí.

A Casiana siempre le habían aterrado los hospitales; le daban un miedo irracional. Sin embargo, al escuchar las palabras reconfortantes de Félix, sintió cómo una ola de calma la invadía.

Las puertas de la sala de tomografía se cerraron.

Félix se quedó inmóvil afuera. Sostenía el abrigo de Casiana entre sus brazos, y en la palma de su mano, yacía el anillo de bodas que ella se había quitado para el examen.

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