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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1467

Ella odiaba más que nada a las amantes que destruían hogares ajenos.

Terminó la conversación.

Félix regresó en ese momento tras haber tratado su herida; sus miradas se cruzaron y el ambiente se volvió extrañamente incómodo.

—Descansa un rato, me voy a duchar. —Félix clavó sus profundos ojos oscuros en ella, y con la nuez de Adán agitándose, preguntó—: ¿Qué quieres comer?

—¿Res?

—Bien. —Félix comprendió, pero antes de darse la vuelta para irse, dejó un par de caramelos de leche junto a su mano.

—Esto es... —Casiana estaba totalmente confundida. Había notado que Félix actuaba raro últimamente.

Dándole cosas de la nada.

—Aquella noche que tuve fiebre y deliraba, tú me cuidaste y me diste mi medicina, y esa fue la condición que pusiste —explicó Félix antes de marcharse.

"..."

Casiana se quedó helada, mirando los caramelos en su mano, completamente alterada.

Entonces...

¿Esa era la razón por la que le había estado dando dulces?

¡Dios santo!

¿Qué demonios había hecho esa noche con el delirio de la fiebre?

Después de salir de bañarse.

Félix se transformó en un amo de casa ejemplar, preparando la comida mientras revisaba la receta.

A Casiana no le caía muy bien el picante y tampoco soportaba el ajo o la cebolla.

Félix le preparó algo muy ligero.

También cocinó unos huevos revueltos con carne picada para aportarle proteínas.

Al terminar la cena.

Félix dejó los platos en el comedor y se preparó para ir por ella a la habitación.

En su mente resonaron las palabras de Rogelio: «¡Seducir con sus encantos!».

"..."

Frente al espejo, Félix se desabrochó los botones de la pijama para mostrar una buena parte de su pecho.

¿Acaso no se veía un poco desvergonzado?

Félix no se sentía del todo cómodo, pero el viejo zorro era alguien con experiencia que había logrado conquistar a una mujer tan difícil como Aldana.

Seguramente sabía lo que decía.

Al verlo bien, a Casiana se le resbaló el lápiz de las manos y cayó al piso, haciendo un ruido seco.

¿Por qué Félix tenía la camisa tan abierta?

Su cuello esbelto, sus delicadas clavículas y su pecho fornido.

Y si bajaba un poco más la mirada...

La primera vez que intimaron, ella estaba muy borracha; no recordaba nada aparte del dolor.

"..."

Al notar que la chica lo miraba fijamente, Félix supo que su estrategia había funcionado y arqueó una ceja ligeramente: —¿Qué tanto miras?

—¿Eh? —Casiana apartó la vista de inmediato y, de los nervios, comenzó a mover las sábanas para luego tomar su celular.

Cuando alguien se siente incómodo, tiende a buscar formas de parecer muy ocupado.

—Y-Yo no... no estoy mirando nada —intentó actuar con calma, pero no pudo evitar tartamudear—: V-Vamos a comer.

"..."

Félix avanzó tranquilo, se inclinó y se acercó a ella.

—¿Qué haces?

Casiana inhaló hondo, con el corazón latiéndole como loco, y por instinto se cubrió los ojos: —¿Podrías cerrarte bien la ropa? Estás incitando a cometer un crimen.

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