—No está muerto —Casiana levantó sus ojos empañados en lágrimas y respondió con voz ronca—: No digas tonterías.
En ese momento, no toleraba escuchar ninguna palabra relacionada con la «muerte».
«Y encima lo defiende.»
Félix apretó los labios, sintiendo unos celos terribles.
—¿Y quién es entonces? ¿Puedes decirme?
—Te prometo que no le haré nada —Félix hizo un esfuerzo monumental por contener su amargura y mantener la calma—. Competiré con él de manera justa. Si de verdad no puedo ganarle y tú insistes en amarlo...
Al llegar a este punto, Félix suspiró suavemente y bajó la voz:
—Me haré a un lado para que sean felices.
—¿Te divorciarás de mí? —como acababa de llorar, la voz de Casiana sonaba entrecortada, tan suave que enternecía el corazón—: ¿No estabas tan seguro de no querer el divorcio? ¿Y ahora resulta que eres muy comprensivo?
—Sí —Félix asintió con una sonrisa llena de impotencia—. Tengo miedo de que no seas feliz.
»Si estar con él es lo que te dará felicidad...
»Casiana, te dejaré libre.
La decisión que había tomado hace tres años, simplemente tendría que tomarla otra vez.
Aunque fuera doloroso, pero...
Seguro en su vida pasada tenía una deuda enorme con ella. En esta vida le tocaba caer rendido a sus pies y soportar lo que ella decidiera.
—Ah —Casiana se sorbió la nariz y murmuró de forma ininteligible—: Qué comprensivo. ¿Debería darte un premio?
Un diploma que dijera «El exesposo más altruista del siglo», a nombre de Félix Hidalgo.
¿Un premio?
¡Esa mujer sabía exactamente cómo apuñalarlo en el corazón!
Félix intentó moverse, pero el dolor lo hizo fruncir el ceño, incapaz de distinguir si le dolía el cuerpo o el alma.
—¿Estás bien? —Casiana se asustó, se acercó de inmediato y preguntó con evidente angustia—: ¿Llamo al doctor?
—Quiero que te quedes a mi lado. ¿Aceptarías? —Félix aprovechó la cercanía para tomarle la mano. Sus ojos tenían una intensidad abrumadora.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector