Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1563

Inés lo escuchó en silencio, y un destello de tristeza cruzó por sus ojos.

¿Acaso hablaba con la chica que le gustaba?

Una de sus amigas de la universidad tenía razón: si el chico que te gusta ya tiene a alguien en su corazón, lo mejor es cortar por lo sano antes de hundirte más. Si no, al final, la única que termina lastimada eres tú.

Especialmente ahora. Inés se mordió el labio; se había dado cuenta de que de verdad se estaba enamorando de Wilfredo.

Pero él, seguramente, solo la veía como a una hermanita menor.

No. No podía permitirse seguir cayendo en esa ilusión.

***

El viaje escolar terminó.

Los estudiantes se dispersaron desde el centro vacacional. Inés no quería estar cerca de Wilfredo, así que le mintió diciendo que había quedado con unas compañeras y le pidió que se adelantara.

Wilfredo no sospechó nada y, como tenía que ir al hospital a visitar a alguien, se despidió.

Inés entonces salió de su escondite y caminó hacia la salida para pedir un taxi.

«De ahora en adelante, lo mejor será evitarlo a toda costa».

Al pensar en eso, se secó las lágrimas con angustia.

—Señorita, ¿se encuentra bien? —preguntó el taxista, que la notó por el retrovisor.

—No es nada —respondió Inés, sorbiéndose la nariz—. Es que se me metió algo en el ojo.

El taxista: «¿?»

***

En el hospital.

Wilfredo compró algo de fruta y bocadillos, y se dirigió a la zona de hospitalización.

Apenas llegó a la puerta, una niña de unos cinco años, con trencitas y un vestidito de tul, corrió dando saltitos hacia él.

—¡Tío Wilfredo, por fin llegaste! —dijo con una vocecita dulce.

—Toma, el tío Wilfredo te trajo tus dulces favoritos.

Wilfredo cargó a la niña y entró a la habitación.

En la cama del hospital estaba un hombre con las dos piernas enyesadas y la cara llena de moretones. Su esposa le estaba dando sopa.

Al verlo entrar, la mujer se puso de pie de inmediato.

—Joven Zavala, qué pena que se haya molestado en venir otra vez.

[Aldana también va a ir.]

Inés miró el mensaje, dudó un largo rato y finalmente respondió:

[Lo siento, Wilfredo, últimamente estoy muy ocupada escribiendo mi tesis. No tengo tiempo.]

Como los estudios eran importantes, Wilfredo no insistió.

Tres días después.

Wilfredo la invitó a tomar un café. Ella volvió a rechazarlo:

[Qué pena, ya tengo planes.]

¿Planes?

Si no le gustaba Kilian, ¿acaso había un nuevo pretendiente en el panorama?

Una semana después.

Tras ser rechazado por décima vez, Wilfredo decidió ir personalmente a la universidad y esperarla en la puerta.

—Wilfredo... —Inés levantó la vista sorprendida; tenía mala cara, pero forzó una sonrisa—. Qué casualidad.

—No es casualidad, vine a esperarte.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector