Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1564

Inés apretó el asa de su mochila, esforzándose por mantener la calma y esbozando una sonrisa educada.

—¿Necesitabas algo? Si no es nada urgente, me voy a la biblioteca.

La sonrisa en el rostro de Wilfredo se congeló y su mirada se volvió compleja.

En los días que pasaron juntos durante el viaje, era evidente que ella había dejado de ser tan tímida con él. ¿Y en tan poco tiempo había vuelto a lo mismo de antes?

—¿Estás muy cansada últimamente? —Wilfredo extendió la mano para tocar su mochila—. Justo es hora de cenar. Vamos a comer algo y me cuentas.

—No, gracias.

Inés dio un paso atrás, esquivando el toque del hombre. Ocultando la tristeza en sus ojos, habló en voz baja:

—Wilfredo, pronto vienen los exámenes parciales y tengo que estudiar. No creo que tenga tiempo para ayudarte con los asuntos de la empresa; sería mejor que contrates a un profesional. Y otra cosa...

Inés apretó los labios y, con voz ronca, añadió:

—Tu estatus es muy importante. Si vienes a buscarme a la universidad todo el tiempo, me vas a causar problemas. Las chicas no dejan de preguntarme por ti, pidiéndome tu número o tu perfil de redes sociales... Es muy incómodo para mí.

—¿Y entonces?

Wilfredo entendió lo que ella intentaba decir y su voz se volvió áspera.

—Quieres que deje de venir a la universidad y que no te busque más. ¿Es eso?

¿Estaba tratando de marcar una línea entre los dos?

—Inés, ¿pasó algo malo? —el rostro de Wilfredo palideció.

—No es nada.

Inés se mordió el labio inferior, negándose a romper la frágil fachada de su amor secreto y evitar así una humillación mayor.

—Es solo que tengo mucho que estudiar y no quiero perder el tiempo en otras cosas.

«¿Verme es perder el tiempo?».

Wilfredo no tenía idea de qué había ocurrido para que la actitud de la chica cambiara tan drásticamente. Pero al verla tan pálida y agotada, no tuvo el corazón para interrogarla. Simplemente asintió.

—De acuerdo. De todas formas, tengo que hacer un viaje de negocios al extranjero pronto. Cuando regrese, nos sentamos a platicar bien.

Ese viaje era crucial, no podía cancelarlo.

«Cuando regrese, dejaré las cosas claras», pensó.

—No te veo bien últimamente. ¿Tienes algún problema? —le preguntó Aldana, quien la acompañaba a la universidad y había notado su pésimo semblante.

—Sí... tengo demasiados libros que leer y siento que no doy abasto.

Inés se frotó los ojos y mintió con nerviosismo.

No podía decirle que estaba así porque extrañaba a Wilfredo.

En realidad, tenía muchísimas ganas de preguntarle a su prima quién era la chica que le gustaba a Wilfredo. Pero luego pensaba: «¿Con qué derecho le pregunto?».

—Cuida tus horas de descanso.

Aldana sacó un pequeño frasco blanco de su bolso.

—Son pastillas para dormir. Son muy seguras. Si no puedes conciliar el sueño, tómate una.

—Gracias, prima —Inés tomó el frasco, disculpándose en voz baja.

Aldana se quedó mirándola con ganas de decir algo, pero finalmente no hizo más preguntas.

Wilfredo le había contado que Inés, de un día para otro, se había vuelto súper fría con él. No sabía si de verdad era por el estrés de los estudios o si había algo más detrás.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector