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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 170

El gerente, abrumado por el aura imponente de la chica, ni siquiera se atrevía a respirar con normalidad.

¡Que alguien le dijera cómo era posible que la señorita Carrillo se hubiera convertido en su jefa!

Aunque parecía una chica de dieciocho o diecinueve años, su presencia era aterradoramente poderosa.

—Las cuentas no tienen ningún problema —dijo Aldana, cerrando el libro de contabilidad y levantándose para salir—. Bueno, sigue con tu trabajo. Volveré cuando tenga tiempo.

—Sí, jefa.

El gerente inclinó la cabeza y la siguió en silencio.

Tras dar unos pasos, Aldana se detuvo de repente, su mirada de reojo captó los dulces sobre una mesa cercana.

—Jefa, ¿desea esto? —Al darse cuenta de su «intención», el gerente tomó inmediatamente la caja de dulces y se la ofreció.

Aldana frunció sus labios rosados, con la intención inconsciente de tomar uno.

Pero a medio camino, como si recordara algo, retiró la mano débilmente y la volvió a meter en su bolsillo.

—No como de eso.

El tono de Aldana era serio mientras salía con el ceño fruncido.

—Además, no dejes que nadie sepa de mi relación con El Comedor del Bosque.

El gerente levantó la cabeza y preguntó con cautela:

—Jefa, ¿se refiere al señor Lucero?

—Sí.

Aldana parpadeó y respondió con un murmullo.

Últimamente había revelado demasiadas cosas y no sabía cómo explicárselo a Rogelio.

—Entendido.

El gerente sentía curiosidad, pero no se atrevió a preguntar más y dejó la bandeja de dulces.

Al llegar a la esquina, el gerente se detuvo prudentemente e hizo una reverencia respetuosa.

—Jefa, que le vaya bien.

—Claro.

Aldana asintió levemente y se dispuso a caminar hacia el otro lado.

El Comedor del Bosque se fundó hace tres años. Gracias a su concepto de negocio avanzado y moderno, se estableció rápidamente en la capital. En los años siguientes, su fama creció exponencialmente, convirtiéndose en el restaurante número uno de la capital.

Pero su misterioso dueño nunca se había presentado ante el público.

Quién podría haber imaginado que la persona que fundó El Comedor del Bosque hace tres años sería una chica de quince años.

Baile.

Diseño.

Un genio con calificaciones perfectas.

Y ahora le salía con una nueva identidad de «dueña de restaurante de lujo».

La pequeña sabía cómo darle sorpresas.

—Ejem, ejem...

Las mejillas de Aldana ardían. Parpadeó, avergonzada, y sonrió con una pereza despreocupada:

—Bueno, si quieres, te puedo hacer un diez por ciento de descuento en la cuenta de hoy.

El Comedor del Bosque nunca hacía descuentos. ¡Él era la excepción!

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